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El hombre y la máquina
por Alejandro
Piscitelli
Post-Televisión - Editorial PAIDOS CONTEXTOS, Argentina 1998 |
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La fantasía de ver enfrentados a humanos y máquinas alcanza su paroxismo en muchas escenas de la ciencia ficción filmica o literaria. Nadie aplaudió cuando Kasparov fue derrotado por la máquina. Más dificil aún es que la máquina o sus chips o sus bases de datos se aplaudan a sí mismas. Algunos ingenieros y programadores se alegraron de haberle ganado a otros de su misma especie. En todo caso la alegría -y la tristeza, el amor o el odio- serán por un rato largo todavía propiedades específicamente humanas. Y esto poco o nada tiene que ver con la inteligencia. Al menos
no con los estúpidos tests de Mensa y asociados, o los SAT o GRE
o Raven que todavía infectan a nuestra ciudadela eficientista y
mercantilista. Es muy probable que en el futuro las máquinas
le ganen a los grandes campeones de ajedrez y a 30.000 cosas más,
una y otra vez. A lo mejor las máquinas se convertirán
en los compositores más creativos de la historia provocándole
envidia a los émulos modernos de Mozart y de Beethoven, de Leonardo
y de Picasso. Sin embargo, seremos nosotros los que decidiremos emocionarnos
con lo que hacen las máquinas y no ellas las que podrán imponernos
de qué emocionarnos.
Los profetas del fundamentalismo digital podrán saber más
o menos de máquinas, de chips y de eficiencia, pero día tras
día demuestran saber mucho menos de psicología humana y de
las mutaciones de sus deseos y expectativas que cualquier buen dramaturgo
o los poetas. Es una lástima: mientras no tengamos robots
poéticos, la inteligencia artificial no será más que
un deseo condenado a la frustración. Y las promesas del fundamentalismo
digital no son sino discursos huecos que despiertan ecos en cabezas igualmente
vacías.
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