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"Actualidad de la desvergüenza"
Ya sea en un pasaje de la Odisea ( I –32 y ss.) ya sea en
el Agamenón de Esquilo, se encuentran –según los estudiosos
y los historiadores de la ética- las primeras referencias
respecto a las cuestiones de la responsabilidad humana y de
la conciencia moral.
El arbitrio humano comienza a ser declarado responsable de
su acción, y por ende de sus consecuencias, dejando atrás
la concepción de un poder superior que trasciende y domina
el destino del hombre, y, por tanto, lo hace víctima mas bien
que culpable de sus propios males.
Hasta entonces, los dioses o seres demoníacos eran los causantes
de las perturbaciones espirituales del hombre. El tránsito
hacia la interioridad pasa primero por la familia y luego
–ya en épocas previas al Platonismo- se sitúa en el individuo.
El Sagrado discurso pitagórico enseña: "...avergüénzate frente
a ti mismo, más que frente a los otros".
Demócrito insiste en varios fragmentos sobre el particular
(84, 244, 264) y luego, en El Banquete de Platón, Alcibíades
dice haber aprendido una sola cosa de Sócrates: avergonzarse
de sí mismo (216, b).
Tenemos así un brevísimo panorama de los orígenes de la vergüenza.
¿Cuál es su actualidad? , ¿qué nuevas modalidades de goce
la disipan, la atemperan, hasta –por momentos- hacerla desaparecer?,
¿es posible aún –como lo pregunta Jacques Lacan en el Seminario
XVII- morir de vergüenza?. ¿Cómo entender las palabras de
Lacan cuando expresa que de nuestra posición de sujetos somos
siempre responsables?
Entre aquella antigüedad y esta actualidad, hace algo más
de un siglo, nace el psicoanálisis. Precisamente, para ocuparse
de las perturbaciones espirituales del hombre y, a su vez,
de sus consecuencias sobre el cuerpo y sobre los lazos sociales.
Hoy, su práctica y lo que de ella se desprende como saber,
nos permiten dar cuenta del fenómeno de la desvergüenza que,
entre otros, marca a la época.
La mirada del Otro, ya no avergüenza, precisamente, porque
ese Otro se ha desvanecido. El desvanecimiento de la mirada
del Otro conlleva, precisamente, el todo puede ser mostrado.
¿Qué aporta el psicoanálisis en tal encrucijada?. Estamos
llamados a responder a una realidad que dista enormemente
de aquella en que Freud elaboró sus conceptos, aunque supo
aportar una acción fundada en el campo del amor a la verdad.
También es lejana de los años en que Jacques Lacan la preanunciaba
cuando demostró que la vergüenza pertenece a otro campo.
El psicoanálisis es un discurso que no brinda coartadas al
malestar actual y, al mismo tiempo, trata de encontrar el
qué hacer con ese irreductible propio de la época. Esta es
la política del psicoanálisis, señalar, marcar lo real en
juego, y operar sobre ello, lo que supone poder tramitar y
aliviar las servidumbres del goce, ya que el discurso dominante
ordena a los sujetos no avergonzarse de su goce aunque sí
de su deseo.
"La desaparición de la vergüenza significa que el sujeto deja
de estar representado por un significante que valga". (...)
"...a través de su inscripción como S1 el sujeto puede engranar
con un saber y con un orden del mundo donde tiene su lugar..."
(...) "...el significante está tocado. La propia palabra es
degradada en el par escucha y palabrerío. Lo que se trata
de preservar en la sesión analítica es un espacio donde el
significante conserve su dignidad". (Jacques-Alain Miller
– "Notas sobre la vergüenza" – Freudiana nº 39 – Barcelona,
2004 – pgs. 14 , 15 y 23)
Por otro lado, también sobre el psicoanalista recae el tema
en cuestión, y de allí que J. Lacan, en La Instancia de la
letra..., así como en la Proposición del 9 de octubre de 1967
escriba sobre la honestidad en nuestra práctica.
Invitamos a todos los colegas y, además, a quienes se hayan
dedicado a estudiar sobre el tema, a ofrecernos sus elaboraciones
en torno a estas cuestiones candentes: la subjetividad de
la época y las nuevas formas del malestar.
Comisión Organizadora:
Norah Pérez, Silvia Puigpinós.
Comisión Científica: Marcel Romero, Ricardo
Seldes, Jorge Yunis.
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