El Rectorado de la UNL es referencia obligada de sucesos educativos y regionales y un punto característico cargado de simbolismo de la ciudad de Santa Fe.

El edificio fue proyectado por Manuel Torres Armengol, un arquitecto español nacionalizado argentino, sobre el anteproyecto elaborado por la Dirección General de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas de la Nación.

La piedra fundamental se colocó en 1926 y las obras comenzaron en 1928. Si bien toda la obra finalizó en 1930, recién en 1936 se colocó el reloj que serviría para recordar el paso del tiempo a los transeúntes. La máquina fue construida y donada por la firma ITR, rama de la empresa IBM.

En el sur del edificio se encuentra el Rectorado de la UNL, con acceso por Bulevar Pellegrini. Mientras que en al norte, con acceso por Cándido Pujato, desarrolla actividades la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. Por calle 9 de Julio se accede al sector edilicio que ocupan las radios de la Universidad LT10 y FM X, y el canal de televisión de la UNL, Litus TV.

Arquitectura del edificio

El edificio, de composición simétrica y clásica, incorpora elementos del estilo neocolonial que se materializan en tejados, rejas y ornamentaciones. Este estilo -que surge en la década del 10- recupera elementos de la arquitectura española y colonial latinoamericana. El Rectorado no sigue un neocolonial estricto, sino ecléctico, con varios elementos de otras corrientes. El frente tiene motivos zoomórficos (en las estatuas y dragones), guardas geométricas y medallones. En el pórtico también se observa un rescate del renacimiento italiano, con la presencia del balcón a modo de loggia.

En el centro del hall se puede observar una rosa de los vientos, símbolo utilizado por los navegantes: simboliza la guía del saber y el conocimiento.

El edificio está regido por un principio de simetría: tiene dos ejes,uno horizontal y otro vertical, que permiten dividirlo imaginariamente en partes iguales. La composición de los espacios interiores sigue lineamientos clásicos, que en los patios encuentra un contrapunto en el tratamiento del verde.

El reloj está acompañado por dos esculturas que homenajean a “La Noche” y “El Día”, de Migue Ángel: ambas, simbolizan la fugacidad del tiempo y, puestas en este lugar, son una metáfora sobra la atemporalidad de la institución.