Veringlais, territorio de Jitanjáforas

José Luis Roces

SEÑALES LATENTES

Piezas, estructuras, cosas reunidas, elementos aunados que surgen como revelaciones, que dominan el espacio aún en su pequeña dimensión y crean presencia absoluta. En una idea de plenitud concentrada, que permite mantener el foco visual, cargando a cada una de las obras la sensación de intensidad dadora de vastedad perceptiva.

Todo ello aporta una energía que se naturaliza por sí sola, sin referentes se destacan en su cruda esencia, aunque los acabados marquen personales y obsesivos pulimentos, huellas físicas de un proceso para dar lugar a las nuevas formas, donde se descartan facilismos e improvisaciones.

Se puede captar una exploración tanto física como conceptual del artista, llevando así a sus obras, a exaltar componentes de contrastes, lo fluído y lo orgánico a la par de lo geométrico, activando dispares sentidos para abarcarlo todo, en una gran comprensión de la materia que usa, en un juego de abalorios y materiales con cierta precariedad visual que se encuentran aquí elevados, destacados y potenciados. Un carácter lúdico a la vez que racional es también otro contraste observable sin relato narrativo posible.

Aparece de este modo el acontecimiento, el espacio de lo inusual, la materia infinitamente renovable, que a condición de lo no conocido, surge sin conflictos, llenas de tensiones visuales se autodefinen, se autoproclaman. Estas estructuras vacías de reflejos y significaciones, sólo dejan entrever alguna que otra señal, que se avista para asimilar lo desconocido, que tratamos de emparentarlo con alguna experiencia o referente que rumorea por ahí como un efímero evento que se evapora ante lo nuevo.

Al artista no se le dificulta actuar desde lo inicial, desde la pura materia amorfa y crear, dar entidad, abrirse paso a través de una nueva percepción y tornarlas cosas reales, objetos encarnados con presencia propia, que producen de repente y ante su visualidad, una derivación intencionada, un certero flechazo a nuestros sentidos, una fuerte irrupción visual creadora de intensas sensaciones de gran impacto ante el descubrimiento.

Estas piezas son entidades constructivas que pueden relacionarse con una u otra cosa, como un desafío con posibilidades múltiples, derivan en arraigos fortuitos que hacen referencia a elementos conocidos pero que no representan a ninguno.

La recepción de estas formas, produce una fuerte percepción de estímulos cuyo caudal se recarga para abrir paso a la consumación de la novedad. Objetos que se desvían hacia otra cosa, que nunca quieren estar establecidos ni demorados en una sola y que contienen las formas que presagian.

El espacio del museo que contiene este corpus de obras adquiere una forma especial en este caso, no sólo alberga, presenta, si no que se inscribe como una estructura latente de donde se desprenden los soportes, como un paso consciente, como un tránsito de donde surgen y se sostienen las piezas como despedidas por el propio espacio.

Asomarnos al orden nuevo propuesto por Roces y poder captar sus revelaciones, nos detendrá frente a cada pieza, que sin duda,solas o en el conjunto propuesto, generan una estética lindante con los tan preciados objetos de deseo.

Lic. Stella Arber

Directora MAC UNL