TRABAJO PRESENTADO POR SALVADOR GARCIA AL CIENASUD
SANTA FE - OCTUBRE DE 1999 -

EL SUPERVISOR AYER
En la época a que hago referencia la dirección de la educación en la provincia de Santa Fe, no obstante existir un Ministerio del ramo, estaba prácticamente a cargo de H. Consejo General de Educación con asiento en la ciudad capital.
Este organismo contaba con un presidente y dos vocales designados por el Poder Ejecutivo, que en muchas ocasiones no eran maestros.Le seguian en orden jerárquico una Inspección General de Escuelas, dos Subinspecciones Generales, una en Rosario y la otra en Santa Fe, y dos circuitos escolares subdivididos en secciones cada una de ellas atendidas por un inspector.
El H.Consejo General de Educación, después de sesenta y cuatro años de permanencia, y sin que se diera razón alguna, fue substituído por Direcciones Generales, cada una de ellas a cargo de un nivel de enseñanza.
En el año 1956 se lo restituye con una modificación en cuanto a las vocalías,que a partir de entonces son tres, que representan al gobierno,a los cooperadores y a los docentes, las dos últimas por elección directa de sus pares.Esta organización que ponía el gobierno de la educación en manos de sus más directos interesados fue adoptada por la casi totalidad de las provincias argentinas e incluída en sus respectivas Constituciones para preservarla de los frecuentes cambios que hasta entonces había sufrido.En la actualidad, Santa Fe , que creó el sistema no lo tiene, no obstante reclamarlo los maestros y las instituciones gremiales que los agrupan,
Pero antes de hacerles conocer como era la función del supervisor de la época en que fuí protagonista, permitanme que me ocupe muy sintéticamente a la formación que tenía antes de llegar a ese cargo.
La totalidad provenía de las escuelas Normales provinciales y nacionales ubicadas en Reconquista, Rafaela, Coronda, Cañada de Gómez, Casilda, Villa Constitución, Venado Tuerto, San Justo, Santa Fe , Esperanza y Rosario.
Quiere decir, que los estudios de maestro , que duraban cuatro o cinco años se llevaban a cabo en institutos creados especialmente para formar maestros, y el que concurría a ellos contaba con la debida vocación para serlo, dentro de un ambiente en el que reinaba la cortesía, la urbanidad, el respeto, los buenos modales y hasta existían reglas en cuanto a la vestimenta que se debía usar.Además, inculcaban hábitos saludables en cuanto a puntualidad, economía, ahorro, orden, etc., un nacionalismo sin exacerbaciones de ninguna clase inspirado en la tradición, en los héroes consagrados por la historia; y un comportamiento humano social y ético.
Las escuelas Normales prestaban gran atención a la Pedagogía y a la Didáctica que es el arte de enseñar, lo cual resulta lógico.Los métodos y procedimientos eran estudiados cada uno de ellos en particular y en general.
Todos aprendimos que el método es el punto elegido y que el procedimiento es uno de los caminos para llegar a ese punto.Sabiamos que el empírico se nutre de la repetición , de la imitación y de la copia ; que el intuitivo apela a los sentidos corporales que en contacto con el mundo exterior producen sensaciones y percepciones: que el inductivo nos lleva al descubrimiento y a formular la ley respectiva; que el deductivo permite aplicar a situaciones nuevas lo que el inductivo ha determinado; que el subjuntivo se alimenta de la fantasía y de la imaginación por lo que tienen espacio en la poesía y en la religión, sobre todo.Estos recursos que provee la Pedagogía y que alejan de la improvisación, el desorden y la pérdida de tiempo, debíamos consignarlos en los planes de clases que presentábamos los alumnos maestros antes de la práctica en el curso de aplicacioón.Las formas de enseñanza : expositiva, dialogada, experimental, etc., merecían igual consideración.
Del análisis de la currícula de los Institutos de Formación Docente actuales no se observa el énfasis que ponía la escuela Normal en esta parte de la Pedagogía, no obstante la importancia que tiene en el proceso enseñanza- aprendizaje , a lo cual no le encontramos explicación.
En la parte práctica eran frecuentes las observaciones de clases que dictaban los maestros a partir de segundo año, y posteriormente nuestra actuación como alumnos-maestros en los que la Regencia designaba, la que finalizaba invariablemente con la crítica a cargo del titular del grado.
Coincidente con la época de nuestra formación docente llegaron al país, desde Europa y los Estados Unidos de América, varias corrientes renovadoras que cambiaron la posición del maestro, en el sentido de que no debía ser un transmisor de conocimientos, sino el generador de situaciones que permitieran al niño convertirse en el constructor de su cultura; como así también que todo debía girar en torno a él; infraestructura , planes, programas, etc., a lo que acertadamente Claparède llamó "revolución copernicana en pedagogía".Los trabajos de Pavlov sobre el reflejo condicionado aclararon el concepto del interés, y los de Sager en cuanto a la percepción visual cambió la teoría atomista que imperaba por la estructuralista porque respondía a las condiciones naturales del niño de ver las cosas.
Al frente de estas corrientes que apuntaban a la autoeducación del niño, consideradas como métodos, pero que realmente eran sistemas de enseñanza estaban, entre otros, Ovide Decroly con su programa de ideas asociadas; María Montessori con el aporte de diapositivas muy parecidas a los dones de Froebel permitían que el alumno aprendiera por si solo , corrigiera los errores que cometía y recurriera al maestro cuando lo necesitaba; Roger Cousinet con los grupos de estudio consiguió que se conquistara el conocimiento por la acción colectiva, Elena Parkhurt resolvió el problema de la escuela unitaria mediante la enseñanza individualizada; C.B.Wasbhurne se inclinó en que cada alumno conservara su libertad de desarrollo (actualmente este sistema está siendo experimentado en la provincia de Buenos Aires con el propósito de disminuir la cantidad de repeticiones de grado) ; John Dewey introdujo el proyecto por el interés que despertaba; Gentile y Radice se valieron de las obras de arte, no para formar artistas, sino para despertar el yo creador del niño.
Estos sistemas, de tendencia experimental y de ensayo unos, y de aplicación científica otros, fueron tomados y adaptados por distinguidos educadores argentinos : Pizzurno, Vergara, Torres , Rezzano, Ortiz de Montoya, Mercante,Cossettini, Nélson, etc. y estudiados y aplicados por las escuelas Normales de entonces, entre ellas la Nº 4 de Rafaela bajo la direción de Olga Cossettini.
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