¿Cómo surge el Voluntariado UNL?

El Programa de voluntariado tiene como antecedente el trágico suceso de las Inundaciones del año 2003 en la Ciudad de Santa Fe, cuando el Río Salado avanzó por calles completamente urbanizadas; cubriendo viviendas, espacios verdes, centros recreativos y hasta hospitales haciendo que se desmoroné la vida cotidiana de miles de santafecinos.

Ante esta situación la población no afectada en general y en particular las comunidades universitarias reaccionaron de manera solidaria, ofreciendo su colaboración, pero se hizo necesaria, la coordinación y la planificación de acciones por parte de la UNL y la Federación Universitaria del Litoral (FUL), desde donde se organizaban acciones tanto vinculadas a ordenar la participación de estudiantes como del resto de la comunidad universitaria.

La experiencia vivida por esos meses, no quedó en el anecdotario, sino que sirvió para demostrar la capacidad de organización de una fuerza voluntaria que reunió sin diferencias a autoridades, personal docente, no docente, graduados, estudiantes y que excedió el ámbito de la comunidad universitaria, esta experiencia fue el puntapié inicial para que se sustancie la Resolución CS 76/2004 que reconoce la figura del Voluntario y creando el Programa del Voluntariado Universitario UNL (2004).

A partir de allí, la extensión y el voluntariado comienzan a manifestarse en la vida de la comunidad universitaria, fundamentalmente en el estudiantado que inicia una etapa de participación institucionalizada en el marco de Proyectos y Programas de Extensión, en consonancia con los objetivos planteados por la mencionada normativa.

Dando cuenta de esta convicción en el año 2007, un grupo de consejeros estudiantiles movilizados por  el interés de instaurar condiciones institucionales que favorezcan la incorporación de las prácticas de extensión a las propuestas curriculares de las carreras de la Universidad Nacional del Litoral  presentaron un proyecto que se materializo en la Resolución nº 274 C:S. que tenía como objetivo profundizar alternativas de formación de profesionales sólidos y fundamentalmente comprometidos con la sociedad.

Dicha normativa plantea que: “…la participación de alumnos en las prácticas de extensión los pone en contacto con una realidad que los coloca en situación de asumir una visión solidaria del conocimiento que fueron construyendo en la Universidad y que les implica abordajes de tipo profesional. Estas experiencias significan la asunción de una perspectiva preocupada por la formación de profesionales críticos, conscientes de su compromiso social en el ejercicio profesional y requiere de una visión pedagógica que aborde la práctica y favorezca procesos de reflexión sobre las vivencias reconstruidas sistemática y conceptualmente, con el objeto de someterlas a niveles crecientes de teorización.