Paraninfo Nº208 / Abril 2026

«Es necesario volver a poner en el centro el placer por aprender»

En un contexto atravesado por la hiperconectividad, la circulación fragmentada de la información y la presencia constante de dispositivos digitales, formar ciudadanos capaces de comprender, participar y construir sentido es un desafío. Para repensar la educación en clave de ciudadanía digital.

En tiempos que nos obligan a repensar la educación en clave de ciudadanía digital, no sólo como uso de tecnologías, sino como formación crítica, ética y colectiva en el mundo contemporáneo, El Paraninfo dialogó con Alejandra Ambrosino, especialista en Tecnología Educativa. En un contexto atravesado por la hiperconectividad, la circulación fragmentada de la información y la presencia constante de dispositivos digitales, formar ciudadanos capaces de comprender, participar y construir sentido es un desafío.

Quién es? Alejandra Ambrosino
Es docente universitaria en el Área de Educación, Comunicación y Tecnología (UNL). Magister en Tecnología Educativa (UBA). Investiga el eje de ‘Hibridaciones académicas y el ecosistema de plataformas: experiencia formativa y tecnologías emergentes’. Dirige el Centro de Educación y Tecnologías de la UNL.

La tecnología está cada vez más presente en nuestras vidas. ¿Es posible o necesario limitar su uso en las escuelas?.
Más que limitar el uso, es posible y es una responsabilidad educativa de las instituciones promover buenas organizaciones tecno-comunicacionales y regulaciones pero no en términos de prohibición sino de promover la comprensión. Las instituciones tienen una función central en la formación de ciudadanía y, desde ese lugar, tienen que problematizar la mediación tecnológica que hoy atraviesa todas las prácticas sociales y experiencias. Vivimos una ‘celularización’ de la vida cotidiana: nos comunicamos, leemos, compramos, nos informamos y organizamos nuestras actividades desde el celular. Esa lógica configura el entorno en el que nos movemos todos, incluidos niños, niñas, adolescentes y adultos. Por eso, la escuela no puede quedar al margen de ese proceso. Ahora bien, esa regulación-problematización no puede pensarse de manera homogénea. En las primeras infancias hay que ser especialmente cuidadosos: no se trata de incorporar dispositivos que reemplacen la socialización, el juego o el vínculo con otros, sino de generar condiciones para una alfabetización digital situada, integral y crítica. En cambio, en adolescentes y jóvenes, la tecnología ya forma parte de su entorno cotidiano. Hoy la construcción de subjetividades está atravesada por la visión que ‘traduce’ la comunicación digital y desde ese lugar también se construye identidad individual y colectiva. Y ahí el desafío es acompañar el desarrollo de criterios para habitar el entorno de manera crítica y responsable.

¿Cuál es el principal desafío que enfrentan los docentes frente a esta presencia tecnológica?

El principal desafío es poder interpretar el escenario digital. Si no lo comprendemos, no podemos tomar decisiones educativas pertinentes. La mayoría de nuestras decisiones son tecno-educativas. Estamos en un contexto hiperfragmentado e hiperdatificado, donde la información circula en formatos breves, simultáneos y muchas veces sin jerarquías claras. En pocos minutos, una persona puede consumir contenidos completamente distintos —desde temas personales hasta conflictos globales— en el mismo plano. Esa lógica impacta en la forma en que se construye el conocimiento y también en la manera en que nos vinculamos con la información. Incluso puede afectar dimensiones como la empatía, porque todo aparece en una misma escala. Por eso, el desafío no es enseñar a usar mejor los dispositivos, sino formar pensamiento crítico: comprender cómo circula la información, cómo se construyen los datos y cómo se configuran los sentidos en este entorno digital.

¿Qué estrategias pueden implementarse para que estos procesos sean significativos?

No hay recetas. Estamos en un momento de interpretación para la acción. Muchas veces aparece la idea de que una nueva tecnología o una aplicación va a resolver los problemas educativos, pero eso suele ser una ilusión que rápidamente se diluye. Hay dos claves importantes. Por un lado, la necesidad de comprender el escenario digital en el que estamos trabajando. Por otro lado, el diseño de experiencias formativas significativas, que tengan sentido para los estudiantes. En ese marco, es fundamental recuperar el valor de las conversaciones. Aunque hoy están mediadas por tecnologías, lo humano sigue siendo central en la educación. También es necesario volver a poner en el centro el placer por aprender, porque muchas veces se reduce el aprendizaje al consumo de información o a la evaluación de contenidos, y eso empobrece la experiencia educativa.

¿Qué implica hoy la tecnología para los estudiantes dentro de la institución educativa?

Depende de la etapa. En las primeras infancias, hay que tener mucho cuidado con el lugar que ocupan los dispositivos. La escuela tiene que garantizar espacios de encuentro, de juego, de vínculo con otros. Diseñar experiencias formativas que repongan la construcción de socialidad, de encuentro conversacional. Si las tecnologías digitales, cuando su uso es en exceso, diluye los encuentros, allí está el objeto de la escuela de reponer el lugar de lo común. Esta es una estrategia clave de educación digital. En adolescentes y jóvenes, en cambio, la tecnología ya no es un aparato: es el entorno en el que habitan. Configura sus formas de comunicarse, de acceder a la información y de relacionarse con otros. Es un nuevo modo de habitar el mundo, atraviesa los modos de ser sensible. Sin embargo, ese entorno también tiene tensiones. Por un lado, amplía posibilidades; por otro, tiende a generar dinámicas de mayor individualidad. Por eso, la escuela tiene que generar espacios de construcción colectiva, donde la interacción recupere cuerpo, entidad y sentido, y donde se promueva una experiencia compartida del aprendizaje.

En este contexto, ¿existen herramientas o dispositivos que puedan acompañar a educadores y formadores en este proceso?

Más que herramientas específicas, lo más importante son los proyectos que problematizan estas cuestiones. Proyectos de formación, de intercambio, de experimentación, que permitan a las comunidades educativas reflexionar sobre sus propias prácticas. También es clave comprender el ecosistema de plataformas en el que nos movemos. Hoy nuestras prácticas de lectura, escritura, pensamiento y vínculo están mediadas por tecnologías, y eso requiere nuevas formas de abordaje. Por eso, las decisiones tienen que pensarse en distintos niveles: el macro, vinculado a las políticas públicas; el meso, relacionado con las instituciones y los proyectos; y el micro, que tiene que ver con las prácticas cotidianas de los docentes. En el centro de esa trama está la mediación tecnológica, que atraviesa y redefine todas esas dimensiones.

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“Es fundamental recuperar el valor de las conversaciones, aunque hoy están mediadas por tecnologías, lo humano sigue siendo central en la educación”.