Paraninfo Nº212 / Septiembre 2026

«Un edificio saludable es un lugar donde no me enfermo y me siento mejor»

En su paso por la FADU, el investigador sudafricano Jako Nice explicó de qué manera el estudio de microbiomas comulga con el diseño arquitectónico. Su objetivo es cuidar y mejorar la calidad de vida. 

¿QUIÉN ES?

Jako Nice

Jako Nice es profesor titular, director de programas de posgrado y coordinador de la maestría en el Departamento de Arquitectura y Diseño Industrial de la Universidad Tecnológica de Tshwane (TUT) de Sudáfrica. Con más de 20 años de experiencia, se ha dedicado a estudiar la infraestructura sanitaria, los enfoques de arquitectura e ingeniería para el control de infecciones por contagio de superficie y por vía aérea en el entorno construido y microbiología, entre otras tantas cuestiones de sumo interés disciplinar en la actualidad. 

Además, forma parte del grupo central del comité global de ETTi (Education, Training and Transmission), vinculado al grupo de trabajo sobre tuberculosis y operaciones aerotransportadas. 

¿Es posible prevenir enfermedades mediante un diseño arquitectónico adecuado de los centros de salud? El interrogante abre un interesante y oportuno cruce de especialidades científicas que puede contribuir no sólo a la sanidad, sino en mayor medida a la calidad de vida de quienes habitan una comunidad. Ese es el horizonte que guía la investigación del docente sudafricano Jako Nice, quien visitó la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la UNL para brindar una disertación sobre “Edificios saludables y entornos con recursos limitados”.

Con el fin de alcanzar una respuesta a la problemática sugerida, resulta necesario comprender la naturaleza de los microbiomas; es decir, “de las biosferas definidas por condiciones ambientales específicas. Por ejemplo, Santa Fe es un área abierta con mucha agua; en cambio, en las regiones del norte de Brasil se encuentra un bioma forestal”, ilustró el docente de la Universidad Tecnológica de Tshwane (TUT) de Sudáfrica. Al trasladar ese concepto al terreno arquitectónico, surge que una habitación también es un microbioma o, dicho de otra manera, un “ecosistema con espacios específicos en su interior”.

ENTRE EL BIOMA Y LA EDIFICACIÓN 

Sobre la base del estudio de microbiologías, Nice precisó que “organismos similares habitan en espacios similares”. “Sin embargo, ningún organismo está aislado; todos forman parte de un ecosistema. Ese vínculo ecosistémico nos indica la salud de un edificio –enfatizó–. Mi interés por los microbiomas y, en concreto, por los edificios, proviene de un campo en el que he participado: el contagio aéreo y el riesgo en los edificios, así como el diseño de edificios vulnerables”, esgrimió al ser consultado por El Paraninfo.

Como asesor del gobierno nacional de Sudáfrica y colaborador del Programa de Becas de Salud Global HBNU Fogarty de Harvard (Estados Unidos), el profesor y Doctor en Arquitectura focalizó su investigación en “la comprensión de los microbiomas de los hospitales”, lo cual faculta a pensar la prevención de enfermedades a través de diseños que, a su vez, consideren “la planificación y la configuración espacial”. En ese campo, intervienen factores clave como el movimiento y la cantidad de personas que transitan un determinado espacio, el tipo de iluminación, la calidad de la luz natural y el flujo de aire, ente otros. En ese conjunto es donde se define el tipo de bioma.

CUIDAR EL BIENESTAR

Ahora bien, ¿qué conlleva pensar y diseñar edificios saludables? “Son edificios donde no me enfermo, donde me siento mejor. Favorecen mi salud y bienestar. Y para mí, el bienestar va más allá de no tener gripe o dolor de cabeza. Significa estar más sano a nivel psicológico, emocional y físico”, fundamentó Nice. En ese sentido amplió su argumentación: “Los edificios nos impactan. A través de la iluminación, los materiales y las superficies, la calidad del ambiente influye inmediatamente en nuestra percepción y, de manera consecuente, en cómo reaccionamos en ese espacio”. 

Desde ese punto de vista, Nice aseguró que “un cambio de percepción de los espacios construidos” –que contemple “una mejor ventilación, iluminación natural y espacios de interacción”– favorece la calidad de vida. Por ese motivo y en relación con el concepto de “edificios saludables”, el docente remarcó que no se trata “de algo que construyo o de un espacio donde realizo una función, sino que esa función me afecta y que ese espacio tiene un impacto en mí”, postuló al tiempo que sugirió el desarrollo de un nuevo paradigma sustentado en una perspectiva saludable de la arquitectura. 

¿CUÁL ES EL PRECIO?

A propósito, el académico comentó que, durante los últimos años, se ha dedicado a ejercer la profesión al hilo de un sostenido trabajo en consejos de investigación. En esos ámbitos, “he podido ayudar a rediseñar y reformular las directrices y normas nacionales –comentó–, las cuales ya incluyen elementos relacionados con los principios de los edificios más saludables. Por lo tanto, esa es una forma de lograr este cambio”, alentó. 

“Si quiero sellar un edificio para cumplir con ciertos estándares y lograr una determinada calidad en su rendimiento, ¿cuál es el precio para la salud? Siendo el cambio climático una realidad, muchos edificios en Europa, por ejemplo, sufren calor extremo durante el verano porque están sellados herméticamente para cumplir con ciertos estándares. Por lo tanto, si no consideramos estos estándares de sostenibilidad desde la salud integral, estamos actuando de forma contraproducente”, advirtió mientras resumió: “Debemos buscar ser sostenibles en cuanto a las consecuencias para las personas y la salud humana”. 

«Los edificios nos impactan. A través de la iluminación, los materiales y las superficies, la calidad del ambiente influye inmediatamente en nuestra percepción y, de manera consecuente, en cómo reaccionamos en ese espacio.»