Paraninfo Nº211/ Agosto 2026

El Niño: pronósticos y desafíos ante una temporada en que se prevén excesos hídricos

El fenómeno meteorológico está en pleno desarrollo y se estima que tendrá una intensidad fuerte o muy fuerte hacia la primavera y el verano. Para mitigar sus efectos negativos, especialistas de la UNL generan conocimiento desde distintas perspectivas, como la gestión de riesgo y las medidas necesarias; el agua como recurso para el consumo y la producción; los cultivos, caminos rurales y tambos lecheros. También, el lado B de las crecientes: la posible recuperación de biodiversidad en el río Paraná.

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Dicen que fueron piadosos pescadores peruanos los que bautizaron como El Niño al fenómeno meteorológico que hoy está en boca de todos. Eligieron ese nombre al notar que, en fechas cercanas al 25 de diciembre, cada varias temporadas el océano Pacífico presenta corrientes cálidas que alejan los peces de las costas y provocan lluvias copiosas. Por allá y por acá, más que un milagro de Navidad, sobrevuela entonces el fantasma de las inundaciones. Frente a esa circunstancia, el sistema científico tecnológico universitario busca calmar las aguas. 

.La UNL cuenta con especialistas en diferentes disciplinas que generan conocimiento para mitigar los efectos negativos que El Niño podría tener en la provincia de Santa Fe y en la región. Mediante investigaciones serias, abordan desde la aptitud de las redes de drenaje hasta alternativas de alimentación para el ganado. Independientemente de sus áreas de estudio, coinciden en que la planificación basada en evidencia es clave: con la información adecuada, cada rubro puede prever consecuencias, tomar recaudos y evitar sobresaltos.

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PRONÓSTICOS

En el marco de la FICH, funciona el Centro de Estudios de Variabilidad y Cambio Climático (CEVARCAM), cuya directora es la docente, doctora en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos e investigadora principal del Conicet, Gabriela Müller. Ella explicó que “el Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es un fenómeno acoplado océano-atmósfera que se desarrolla en el océano Pacífico ecuatorial, forma parte de la variabilidad natural del Sistema Climático y tiene tres fases: una cálida, que es El Niño, una fría, La Niña, y una neutral”. Ya sabemos cuál toca esta vez.

Müller sostuvo que “la mayoría de los modelos climáticos de los principales Centros Mundiales de pronóstico estiman que este evento El Niño en pleno desarrollo, tendrá una intensidad fuerte o muy fuerte hacia la primavera y el verano”, y agregó que “hacia fin del año alcanzará su máxima intensidad y luego irá disminuyendo paulatinamente, hasta el otoño y el invierno próximos”.

Actualmente, el fenómeno está evolucionando y sus impactos se empiezan a sentir, como por ejemplo las nevadas en la cordillera de Cuyo y las lluvias extremas en Chile central. “Todavía no sabemos cómo evolucionará la anomalía cálida y dónde será el máximo calentamiento del Pacífico ecuatorial, lo cual generará un impacto diferencial en el sudeste de Sudamérica y, en particular, en el Litoral argentino”, planteó la especialista. “Es importante tener en cuenta que además de las características del océano Pacífico ecuatorial, El Niño es un fenómeno acoplado con la atmósfera, que es quien cambia su circulación y produce impactos diferenciados en varias regiones del planeta”, indicó.

En nuestra provincia, caracterizada por una elevada variabilidad interanual de precipitaciones ―en años secos, las lluvias pueden ser de 500 milímetros y, en años húmedos, acercarse a los 2.000 milímetros en los departamentos del norte y a los 1.500 milímetros en los departamentos del sur―, El Niño tiene un rol central, ya que aumenta la probabilidad de excesos hídricos por lluvias por encima de los valores normales según la región y la época del año.

Este fenómeno meteorológico de escala climática, que es parte de la variabilidad natural del Clima, se enmarca en un contexto de calentamiento global antrópico, cuya impronta es clara: produce cambios en los patrones climáticos de todo el planeta, con impactos diferenciados. En el caso del noreste de la Argentina, se incrementan los extremos climáticos, tanto de temperatura como de precipitación. “El cambio climático regional que experimenta la provincia exacerba los eventos extremos, tal como ocurre en todo el globo, lo que se suma a los excesos hídricos en particular, que El Niño provoca en nuestra región”, explicitó Müller.

EL AGUA Y LOS SUELOS 

En materia hidrológica, la Magister en Ingeniería en Recursos Hídricos y Doctora en Ciencia y Tecnología Ambiental, docente e investigadora de la FICH, Viviana Zucarelli señaló que “entre otros factores, las consecuencias de El Niño dependerán de la intensidad, la frecuencia y la localización de las precipitaciones”. Así como no es lo mismo que llueva 100 milímetros en 30 minutos que durante 24 horas, el escenario cambia si tenemos suelos secos o con alto nivel freático. 

Para poder analizar cómo estamos, es necesario situarnos. Zucarelli expuso que “pertenecemos a la cuenca del Río Paraná, que a su vez está comprendida en la del Río de La Plata, cuyos suelos tienen escasa capacidad de drenaje”. En tal sentido, precisó que “al haber poca pendiente, en las zonas rurales predomina la infiltración de las aguas, por lo que los anegamientos se generan una vez que se saturan los suelos”. En cambio, las áreas urbanas son impermeables. “La vulnerabilidad de las ciudades aumenta por la concentración de edificios en altura, la ocupación del valle de inundación de los ríos, el crecimiento de barrios cerrados y los desarrollos suburbanos que favorecen el escurrimiento”, manifestó la especialista.  

Por otro lado, El Niño puede afectar la calidad del agua que usamos como recurso, ya sea de pozo o de red, para el consumo o para la producción. Zucarelli afirmó que “las intensas lluvias y las crecidas de los ríos pueden enturbiar las aguas con distintos tipos de contaminantes, debido al arrastre de sedimentos, el lavado de campos y urbes, el desborde de pozos ciegos, la saturación de sistemas de cloacas”. Al respecto, resaltó que “es indispensable un monitoreo constante, la limpieza y el mantenimiento de la red de desagües, la concientización y la educación a la población”.

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GESTIÓN INTEGRADA A LOS RIESGOS HÍDRICOS

El riesgo de afectación por inundación es la interacción entre las amenazas hídricas, que en nuestra región son las crecidas y las lluvias intensas, y la vulnerabilidad del territorio, vinculada a factores fisiográficos y sociales. En función de que fenómenos como El Niño incrementan ese riesgo, la comunidad académica colabora con los gobiernos locales y con el gobierno provincial para sobrellevar estratégicamente las situaciones climáticas críticas.

En línea con la legislación en la materia, desde septiembre de 2023 la provincia de Santa Fe cuenta con guías para la elaboración de planes de contingencia ante eventos hidrológicos extremos, formuladas con la asistencia técnica de un equipo de la UNL que fue coordinado por el Profesor Honorario, Carlos Paoli. “Un plan de contingencia es una herramienta, ya que designa a los actores que intervienen frente a un evento adverso, los vincula y les asigna responsabilidad”, detalló el docente y aclaró que “con el fin de optimizar el uso de los recursos humanos y tecnológicos, involucra a las instituciones estatales, las entidades intermedias y la ciudadanía en general”. 

“En base a estándares internacionales, proponemos un enfoque integrado de la gestión de riesgos hídricos”, expresó el Profesor Honorario, quien representó a la Argentina en el grupo de trabajo sobre Balance Hídrico de la Cuenca del Plata que se realizó en el marco del Programa Hidrológico Internacional de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). “Para abordar de manera eficiente el posible impacto de El Niño es fundamental combinar medidas estructurales, que son las obras hidráulicas, con medidas no estructurales, como el ordenamiento territorial, los sistemas de alertas tempranas, la medición de los niveles de los ríos, los seguros contra inundaciones, los planes de evacuación, los servicios de documentación, entre otras”, enumeró. 

Las previsiones que se están tomando en la región por los pronósticos para los próximos meses dan cuenta de que en diferentes niveles del Estado y sectores de la sociedad hay conciencia de que conviene prepararnos para una potencial emergencia en vez de reaccionar sobre la marcha. “No podemos ir contra la naturaleza, es decir, no podemos evitar las lluvias intensas ni las crecidas de los ríos, pero con conocimiento podemos adaptarnos mejor para sufrir menos daños y, sobre todo, evitar pérdidas de vida”, concluyó Paoli. 

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LOS CULTIVOS Y LA LECHERÍA

El Niño también influye en la actividad agropecuaria. “Se modifica el problema de los últimos años: en lugar de sequía, el riesgo central pasa a ser el exceso hídrico”, aseguraron en un informe conjunto los docentes de Agrometeorología y de Diagnóstico y Tecnología de Aguas de la carrera de Ingeniería Agronómica que se dicta en la FCA, Paulo Marano y Guillermo Toffoli.

En relación con la agricultura, los especialistas indicaron que “las precipitaciones extremas y la menor insolación impactan en la productividad”. Puntualizaron que “en este momento, los sistemas agrícolas tienen implantado trigo”, y explicaron que “la alta humedad relativa trae aparejada enfermedades que deben ser controladas”. Asimismo, sostuvieron que “se recomienda sembrar los cultivos de verano (principalmente, soja, maíz, girasol y, en menor medida, sorgo y algodón) en fechas que permitan eludir la ventana de máximo riesgo para las etapas de floración y llenado de grano, así como optar por híbridos y variedades con buena tolerancia al encharcamiento”. 

“Es probable que las mayores dificultades aparezcan a la hora de la cosecha”, plantearon Marano y Toffoli. “Además de pérdidas de rendimiento, habrá atrasos por no contar con piso adecuado, por lo que se deberá reforzar la capacidad de secado y acondicionamiento de grano ante la posibilidad de tener que trabajar con piso húmedo”, señalaron. Otra circunstancia a contemplar es el estado de los caminos rurales, ya que, según afirmaron los docentes de la FCA, “la falta de transitabilidad retrasa los traslados”. Con respecto al almacenamiento, detallaron que “quienes utilizan silos bolsa tendrán que ubicarlos en sitios altos”. 

Por otra parte, Marano y Toffoli hicieron referencia a la lechería. “Gracias a que este invierno fue benigno en cuanto a temperaturas y lluvias, hubo muy buena producción de pasturas”, mencionaron. “En vistas a El Niño, las prioridades son revisar y reforzar la infraestructura de los tambos (caminos internos, alcantarillas, cunetas y canales) y aumentar las reservas forrajeras de silaje y heno ante la vulnerabilidad de la alfalfa por exceso de agua”, subrayaron. A su vez, dado que las precipitaciones recurrentes podrían saturar los terrenos, sugirieron “ajustar la carga animal por hectárea para aliviar la presión sobre los potreros e incluir planes de encierre o alimentación a corral parcial”. 

Como recomendación general, los docentes manifestaron que “como tenemos temporadas húmedas, también hay ciclos de sequía, por lo que desde un abordaje integral del manejo del agua se aconseja almacenar parte de los excesos para poder aprovecharlos en períodos de déficit”.

“Se modifica el problema de los últimos años: en lugar de sequía, el riesgo central pasa a ser el exceso hídrico”

EL LADO “B” DE LAS CRECIENTES

Así como el fenómeno que está evolucionando en el océano Pacífico ecuatorial aleja cardúmenes de las costas peruanas, repercute en las migraciones de los peces que habitan el valle de inundación del río Paraná. En esa zona en la que el agua y la tierra firme interactúan de manera constante, las crecientes se miran con otros ojos. “El aumento del nivel del río puede favorecer la recuperación del sistema, al restablecer la conexión entre el cauce principal, los arroyos y las lagunas”, valoró la experta en Ictiología, docente e investigadora de la FHUC, Silvina Chemes. 

La especialista expuso que “en la provincia de Santa Fe, el río Paraná alberga más de 200 especies de peces que son relevantes para la pesca comercial, deportiva y recreativa, la acuicultura y el acuarismo”. Al respecto, precisó que “durante los últimos años, este sistema fluvial atravesó condiciones de extrema bajante, sumadas a otras presiones vinculadas a la actividad extractiva y la contaminación proveniente de áreas agrícolas, industriales y urbanas”, y añadió que “en este contexto, la comunidad de peces presenta signos de deterioro y la actividad pesquera atraviesa una situación crítica”.

Entonces, desde la perspectiva ecológica, es probable que El Niño ayude a recomponer la biodiversidad de nuestros humedales, bañados e islas. Por caso, Chemes ejemplificó que “las crecientes favorecerán el desplazamiento del sábalo, facilitando el movimiento de los adultos aguas arriba con fines reproductivos y el transporte pasivo de las larvas aguas abajo, hacia lagunas y otros ambientes laterales del cauce principal, donde se encuentran las condiciones favorables para su crecimiento y desarrollo”.

“El aumento del nivel del río puede favorecer la recuperación del sistema, al restablecer la conexión entre el cauce principal, los arroyos y las lagunas”