Paraninfo Nº210/ Junio 2026
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¿Qué está pasando
con los suelos en la
provincia de Santa Fe?
Suelo y agua son recursos estratégicos para el desarrollo sostenible del territorio. Según cifras del Observatorio Santafesino de Suelos, se calcula que cerca del 40% del territorio presenta procesos de erosión hídrica, que trae como consecuencia directa la pérdida de la capacidad productiva. Equipos de investigadores de la UNL analizan la problemática y sostienen que la conservación debe ser parte del sistema productivo y no una práctica excepcional.

Sin suelo sano no hay agua, alimentos, ni futuro.
En Santa Fe, el suelo es mucho más que tierra: El suelo es la base de nuestra economía y un recurso que sostendrá a las próximas generaciones. Según cifras del Observatorio Santafesino de Suelos (OSS), se calcula que cerca del 40% del territorio —equivalente a más de cinco millones de hectáreas— presenta procesos de erosión hídrica, que trae como consecuencia directa la pérdida de la capacidad productiva. Un fenómeno que coloca a la provincia en el cuarto lugar a nivel nacional por la extensión de tierras afectadas y se constituye en una de las mayores amenazas para la conservación de los suelos, especialmente en áreas de producción agrícola.
Pero la degradación de los suelos santafesinos no solo compromete la productividad, impacta además en la salud ambiental y las economías locales.
Equipos de investigadores de la UNL analizan la problemática y sostienen que la conservación debe ser parte del sistema productivo y no una práctica excepcional.
En diálogo con Pablo Ghiberto, ingeniero agrónomo, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias (FCA-UNL) e investigador del Instituto de Ciencias Agropecuarias del Litoral (ICiAgro Litoral) advierte que desde hace más de 50 años diversos estudios demuestran que los suelos en la provincia presentan distintos niveles de degradación y que lejos de revertirse, esta tendencia persiste.
“Es un proceso silencioso, poco visible y por lo tanto subestimado”, remarcó Pablo Ghiberto. Durante años, esta problemática se entendió únicamente como una merma en la productividad agrícola. Sin embargo, hoy se reconoce que el suelo cumple múltiples funciones esenciales: regula el ciclo hidrológico, actúa como reservorio de carbono, sostiene la biodiversidad que habita en él y aporta estabilidad al paisaje. Su deterioro implica, en consecuencia, la pérdida de valiosos servicios ecosistémicos que sostienen la vida y son la base de un desarrollo integral sostenible del territorio.
¿QUÉ TIPO DE DEGRADACIÓN PRESENTAN?
Cuando se analizan los tipos de degradación en primer lugar se destaca la erosión, que es una pérdida de suelo, por el agua (erosión hídrica) o por el viento (erosión eólica) lo que determina no solo la baja productividad sino que se generan externalidades por el transporte de sedimentos.
Por otro lado, se registra una reducción notable en los contenidos de macronutrientes (nitrógeno, fósforo, calcio, potasio), micronutrientes (zinc y el boro) y el deterioro de las propiedades físicas que se manifiesta en compactación de suelos, sellado y encostramiento superficial. La pérdida de materia orgánica es del 30 al 50%. Uno de los hechos más indeseables ya que cumple funciones vitales como reserva de nutrientes y ser fuente de energía para la mayoría de los organismos, entre muchas otras.
IMPACTOS PRODUCTIVOS Y AMBIENTALES
Esta problemática afecta directamente a los productores agropecuarios, quienes ven mermada su productividad y, en consecuencia, sus ingresos y sustentabilidad. Pero también repercute a nivel regional: el deterioro de la base productiva compromete el producto bruto regional, debilita las economías locales y aumenta la dependencia de insumos externos.
Asimismo, la pérdida de calidad del suelo obliga a intensificar prácticas que incrementan la presión ambiental (mayor uso de agroquímicos, laboreos frecuentes, menor biodiversidad), con efectos colaterales sobre la salud del ecosistema y de las personas.
“A mediano y largo plazo, toda la sociedad se verá perjudicada. Muchos de los problemas que se pueden observar en el territorio —anegamientos, erosión, transporte de sedimentos o deterioro de caminos rurales— están vinculados con procesos que operan a escala de cuenca hidrográfica. La mayor parte de las decisiones de manejo se toman a escala de lote y con plazos relativamente cortos, eso puede resultar racional desde la perspectiva individual pero generan costos ambientales y productivos, que terminan siendo asumidos por la sociedad en su conjunto”, sostuvo Ghiberto.
Por ello, y para avanzar en la conservación del suelo se requiere pensar en estrategias colectivas que trascienden esa lógica individual y de corto plazo, reconociendo su carácter estratégico para el desarrollo sostenible. En este marco, la universidad pública desempeña un papel central en la producción de conocimientos, investigación y formación, tendientes a generar soluciones integrales que aseguren un futuro sustentable para el territorio.



¿ES POSIBLE REVERTIR ESTA SITUACIÓN?
Sí, estos procesos pueden detenerse e incluso revertirse si se aplican tecnologías de manejo apropiadas: sistematización de tierras, construcción de terrazas para control de erosión, rotación de cultivos, tránsito controlado, reposición de nutrientes entre muchas otras. Para lograrlo, no alcanza con apelar sólo a la buena voluntad.
“Hay que reconocer que el suelo y el agua no son recursos gratuitos, sino componentes estratégicos del territorio”, asegura Ghiberto. Integrar información confiable, reglas claras de manejo, políticas públicas estables y coordinadas puede contribuir a transformar la conservación del suelo en una condición del sistema productivo y no en una práctica excepcional”, enfatizó.
Como ejemplo se plantea que en regiones donde una proporción significativa de la tierra se maneja bajo arrendamiento, los contratos podrían incorporar criterios vinculados con rotaciones, reposición de nutrientes o monitoreo de indicadores de calidad del suelo. “Para producir más, el desarrollo debe ser integral y sostenible, la cuenca debe ser la unidad de decisión y la conservación, una condición del negocio, no un “extra” para cuando sobre tiempo o margen”, remarcó Ghiberto.
Sintetiza 55 años de indagaciones en la cátedra de Edafología, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL, que se inspiró en las necesidades de agrónomos y estudiosos en suelos. Este libro no es un texto clásico de Edafología ni pretende serlo. Es un ‘puente’ entre la Edafología y el Manejo de Suelos.