Paraninfo Nº210/ Junio 2026
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Sharenting y la pérdida de privacidad en la infancia digital
El docente de la FCJS-UNL, Patricio Longo, advierte sobre los riesgos de sobreexponer a los menores en redes sociales.
Desde la creación de una huella digital no consentida hasta el peligro de los ‘deepfakes’ y delitos graves como el grooming y la práctica del sharenting ponen en jaque los derechos fundamentales de las infancias.

En la era de la hiperconectividad, un acto aparentemente inocente como compartir la foto del primer día de clases de un hijo o una hija puede tener consecuencias permanentes. Este fenómeno, conocido como sharenting –término que combina share (compartir) y parenting (crianza)–, consiste en la práctica abitual de progenitores y familiares de difundir imágenes y datos privados de menores en el ecosistema digital sin su consentimiento.
Patricio Longo, abogado y especialista en derecho de daños y derecho procesal de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (FCJS) de la UNL, analiza este comportamiento que hatransformado la intimidad familiar. «Antes, la fotografía quedaba preservada en el ámbito familiar y hoy es compartida en el ecosistema digital y perdemos el control de eso», explica el docente, marcando el contraste con el antiguo álbum de fotos en papel, cuyo acceso era restringido y controlado por los padres.
LA PÉRDIDA DEL CONTROL Y LA ‘PROPIEDAD’ DE LAS PLATAFORMAS
Uno de los puntos más críticos señalados por Longo es la cesión de derechos que ocurre al aceptar los términos y condiciones de las redes sociales. Al subir contenido a plataformas como Instagram, TikTok o Facebook, la imagen deja de pertenecer a la familia. «Estamos cediendo el alma entera porque desde el momento en que nosotros compartimos algo a través de esa plataforma, deja de ser nuestro y es propiedad de la plataforma y puede hacer con ello lo que quiera», advierte con contundencia.
En Argentina, la imagen es un derecho personalísimo y su uso requiere el consentimiento expreso de su titular. En el caso de los niños y niñas, este consentimiento suele estar ausente, lo que constituye un abuso del derecho por parte de sus progenitores. Según Longo, los padres suelen actuar por desconocimiento, ignorando que la imagen integra la personalidad del niño junto con su honor e identidad digital.


UNA HUELLA DIGITAL ‘HEREDADA’ Y NO CONSENTIDA
El sharenting no solo afecta el presente, sino que también condiciona el futuro de los menores. Los datos son alarmantes: existen estadísticas que indican que antes de los cinco años, muchos niños ya tienen más de
1.000 fotos publicadas en la red.
Esto genera lo que el especialista denomina una ‘huella digital heredada’. «Esa huella digital es no consentida y, además, es heredada porque durante los primeros años de vida de esta persona los menores tienen limitado el campo de ejercicio de sus derechos y la construcción de su propia identidad digital. Entonces, ¿quiénes van decidiendo? Los padres y las madres», señala Longo. Este rastro digital puede derivar en el perfilamiento de los chicos, afectando y condicionando sus propios proyectos de vida y futuras oportunidades educativas o laborales, cuando un empleador realice un ‘scouteo’ en redes.
RIESGOS EXTREMOS: BULLYING, PEDOFILIA Y DEEPFAKES
Aparte del perfilamiento digital, Longo señala que la exposición desmedida en el ecosistema digital, abre la puerta a peligros que muchos padres no alcanzan a dimensionar. En este sentido, menciona evidencia empírica preocupante: en Australia se detectó que la mitad de las fotografías de pedofilia encontradas en redes habían sido subidas originalmente por los propios padres en sus perfiles sociales.
Además, la irrupción de la Inteligencia Artificial generativa ha sumado una nueva amenaza: los deepfakes. Hoy es posible generar imágenes de desnudez falsas a partir de fotografías cotidianas de niños que ya circulan en internet. «De acuerdo a un informe de UNICEF reciente, hay 1.200.000 chicos perjudicados en el mundo por este proceder», afirma el docente, citando casos que ya han sido denunciados, incluso, en la provincia de Santa Fe.
A esto se suma el impacto en la salud mental, donde los niños pueden convertirse en ‘memes’ o ser víctimas de bullying, debido a la exposición iniciada por sus propios progenitores.

EL MARCO LEGAL Y EL ‘FARO’ FRANCÉS
En cuanto a la regulación jurídica, Longo destaca a Francia como un modelo a seguir, ya que en 2024 se sancionó una ley específica para combatir el sharenting. En Argentina, existe un proyecto de ley similar, aunque no ha avanzado legislativamente. Sin embargo, el marco legal actual se apoya en la Convención de los Derechos del Niño, –que posee rango constitucional y establece principios como el interés superior del niño, el derecho a ser oído y la autonomía progresiva–, la ley 26.061 de protección integral de NNA y el Código Civil y Comercial de la Nación.
Para el especialista de la FCJS, es fundamental que los padres consulten con sus hijos antes de publicar: «Lo lógico sería que, en función del grado de desarrollo y madurez de estos chicos, los padres puedan de alguna manera congeniar, conversar con ellos», y pedirles su consentimiento antes de subir a redes sociales una fotografía suya. Este diálogo es especial mente relevante a partir de los 13 años, edad en la que el Código Civil y Comercial, les otorga a los adolescentes mayor ejercicio personal de los derechos.
LA URGENCIA DE LA EDUCACIÓN DIGITAL
Más allá de las posibles acciones judiciales futuras –donde los hijos podrían llegar a demandar a sus padres por daños a su privacidad–, Longo hace hincapié en la necesidad de trabajar en la prevención y en la educación digital. «La tecnología digital nos quitó el tema de hablar con nuestros hijos, el preocuparnos, el ser padres presentes», reflexiona.
El desafío actual no es sólo educar a los niños en el uso de la tecnología, sino, fundamentalmente, trabajar con los adultos. La recomendación es clara: recuperar la privacidad y pensar dos veces antes de actuar. Como concluye el docente, en un mundo que invita a ser espectadores de la propia vida, es imperativo proteger el derecho de los niños
a construir su propia identidad sin el peso de un pasado digital que nunca eligieron.






