Paraninfo Nº208 / Abril 2026
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La obesidad es una enfermedad metabólica crónica, compleja, multicausal. Pero en los últimos años, el abordaje terapéutico ha dado un giro histórico con la aparición de herramientas farmacológicas de alta precisión. ¿Cuánto sabemos sobre estos fármacos?
Ocasionalmente, aparece un nuevo tipo de medicamento que resulta ser transformador y debido a su impacto en la población se convierte en un nombre familiar. Por ejemplo, las estatinas prolongan millones de vidas al reducir el colesterol o los fármacos para el tratamiento de la depresión. La clase más reciente de medicamentos en unirse a este club son los agonistas del receptor GLP-1. Quizá los conozcas mejor por sus nombres comerciales o simplemente como los fármacos que ayudan a perder peso.
«La obesidad es una enfermedad metabólica crónica, compleja, multicausal. En los últimos años, el tratamiento de la obesidad ha dado un giro histórico. Lo que antes se limitaba a la recomendación de «comer menos y moverse más», hoy cuenta con herramientas farmacológicas de alta precisión», asegura Fabiana Masjoan, médica Endocrinóloga, docente de Clínica Médica en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional del Litoral (FCMUNL) y presidenta de la Asociación Santafesina de Endocrinología y Metabolismo.
CIFRAS PREOCUPANTES
En Argentina, según datos de la 4º Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, en personas mayores de 18 años, seis de cada diez (61,6%) presentan sobrepeso (36,3%) u obesidad (25,3); solo el 6% consume la cantidad recomendada de frutas y verduras, el 13,3% bebe alcohol en exceso, el 12,7% reportó diabetes o glucemia elevada y uno de cada tres encuestados (34%) es hipertenso. También la obesidad está asociada a un aumento significativo del riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles, entre ellas diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, dislipidemia y enfermedad hepática grasa asociada al metabolismo. Asimismo, impacta negativamente en la calidad de vida y el bienestar emocional.
Por estas razones, la disponibilidad de medicamentos que ayuden al descenso de peso marca un hito que impacta la salud de millones de personas y que a mediano y largo plazo lo hará en el sistema de salud en general, al disminuir los costos de atención de patologías vinculadas a la obesidad.
Pero ¿qué tanto conocemos sobre estos fármacos? «Actualmente han adquirido gran popularidad fármacos como el Ozempic®, uno de los nombres comerciales de semaglutide. Esto ha generado muchas expectativas en las personas con sobrepeso u obesidad, pero también muchos interrogantes», explica Fabiana Masjoan.
Y desglosa que «la Semaglutida pertenece a una familia de fármacos: análogos del receptor de GLP-1. El GLP-1 es una hormona que nuestro cuerpo produce naturalmente en el intestino. Estos medicamentos “imitan” la acción de esta hormona, con mecanismos complejos, que podrían resumirse de la siguiente manera:
En el cerebro actúan sobre los centros de saciedad, reduciendo el apetito y el “ruido alimentario” (los pensamientos constantes acerca de la comida); en el páncreas mejoran la secreción de insulina, y en el estómago enlentecen el vaciado gástrico, produciendo saciedad con volúmenes más pequeños de alimento y prolongando la sensación de plenitud».
Son fármacos que, más allá de su efecto beneficioso en el peso corporal, tienen acciones metabólicas que reducen el riesgo vascular, son protectores renales, mejoran la esteatosis hepática –acumulación de grasa en el hígado–, entre otras, asegura la médica endocrinóloga.

«Estamos en una nueva era. Pero el fármaco no reemplaza al equipo multidisciplinario»
~ Fabiana Masjoan
20 AÑOS EN EL MERCADO
«De hecho, este grupo de fármacos se utiliza para el tratamiento de diabetes tipo 2 desde hace más de 20 años. Posteriormente fueron aprobados a nivel mundial para ser utilizados para el tratamiento de obesidad aunque la persona no tenga diabetes. Para mencionar a modo de ejemplo, semaglutide tiene diferentes nombres comerciales y dosis dependiendo si se usa para diabetes o para obesidad. Ozempic® es el nombre comercial de semaglutide usado para diabetes, del mismo laboratorio, el nombre comercial para obesidad es Wegovy®. En cuanto al semaglutide nacional el nombre para diabetes es Dutide®, y para obesidad Obetide®. Las dosis utilizadas para obesidad son mayores que las usadas para el tratamiento de diabetes», asegura y agrega que el semaglutide está disponible de manera inyectable, se coloca por vía subcutánea de manera semanal, se la auto-administra la persona.
Al interrogante sobre su aprobación como medicamentos para obesidad, Masjoan informa que efectivamente «semaglutide está aprobado en la mayoría de los países, para tratamiento de obesidad. En Argentina el uso de estos fármacos está autorizado por ANMAT».
DURACIÓN DEL TRATAMIENTO Y EL ‘EFECTO REBOTE’
Una de las preguntas más frecuentes de los pacientes es ¿por cuánto tiempo debe tomarse? «La obesidad es una enfermedad crónica. Al igual que una persona con hipertensión arterial no deja su medicación cuando su presión se normaliza, los estudios sugieren que estos fármacos están diseñados para ser utilizados a largo plazo. La interrupción del tratamiento, sobre todo si no están instaurados apropiadamente los cambios de estilo de vida –alimentación, actividad física, soporte psicológico–, el peso tiende a recuperarse. Lo que buscamos transmitir es que no se trata de una ‘cura milagrosa’, sino de una herramienta farmacológica que forma parte del tratamiento integral de esta enfermedad», asegura la endocrinóloga.
EFECTOS SECUNDARIOS Y ELPLACER DE COMER
Según datos del Ministerio de Salud argentino, el 20,4% de los chicos y adolescentes de entre 5 y 17 años tienen obesidad, y la Federación Mundial de Obesidad indicaba que el 39% de los adultos en Argentina vive con obesidad. Razones que justifican el cada vez más habitual uso de este tipo de fármacos para tratar la obesidad.
¿Qué se conoce sobre sus efectos a corto y largo plazo?
«En el corto plazo, los efectos más comunes son gastrointestinales –náuseas, vómitos, estreñimiento–. suelen ser transitorios y dependen de la dosis. Por eso es que se inicia con dosis bajas, y se van aumentando de manera gradual de acuerdo a la tolerancia y a los resultados», informa Fabiana Masjoan.
«A largo plazo, los estudios de seguridad son sólidos, aunque se mantiene la vigilancia sobre efectos muy poco frecuentes en el páncreas o la vesícula», indica la especialista.
Además, asegura que no impacta en el placer de comer: «Más que reducir el placer, lo que muchos pacientes reportan es una liberación del deseo impulsivo. Se puede disfrutar de la comida, pero la señal de “basta” aparece mucho antes», redondea.
EL IMPACTO EN EL SISTEMA DE SALUD Y LOS COSTOS
Si bien son tratamientos costosos que «requieren una logística de cadena de frío y una producción biotecnológica compleja, estos fármacos reducen las complicaciones de la obesidad y mejoran las patologías asociadas (diabetes, dislipemia, hipertensión, problemas osteo-articulares, complicaciones cardiovasculares, etc)», asegura la endocrinóloga.
«O sea que el impacto a mediano y largo plazo, en cuanto acostos, beneficia a los sistemas de salud, ya que, si la obesidad es adecuadamente tratada, se reducirían los gastos asociados al manejo de sus complicaciones. Pero el gran obstáculo en lo inmediato es el alto costo de estos fármacos, lo que dificulta
el acceso desde la salud pública y privada (muy pocas obras sociales / prepagas ofrecen cobertura)», indica.
OTRAS HERRAMIENTAS FARMACOLÓGICAS
Más allá de semaglutide existen otras herramientas farmacológicas en el tratamiento de sobrepeso y obesidad. Dependiendo del perfil del paciente, existen otras opciones, todas disponibles en Argentina:
1. Liraglutida (Saxenda®): Otro agonista de GLP-1 de aplicación diaria (a diferencia de la semaglutida que es semanal). Conamplia trayectoria y seguridad comprobada.
2. Orlistat: Actúa a nivel intestinal impidiendo la absorción de parte de las grasas ingeridas.
Es un fármaco con muchos años en el mercado, en Argentina hay varias marcas disponibles. El efecto sobre el peso corporal es modesto, su costo es menor a los otros fármacos disponibles. Por su mecanismo de acción puede producir materia fecal aceitosa, urgencia o incontinencia fecal, lo cual impide su uso en algunos pacientes. (su vía de administración es oral, cápsulas)
3. Naltrexona / Bupropión (Naltreva®): actúa a en distintas vías del sistema nervioso central, regulando el sistema de recompensa y centros del apetito (su vía de administración es oral, cápsulas)
4. Tirzepatida (Mounjaro®): Recientemente aprobado en nuestro país, si bien se está utilizando desde hace casi 2 años en varios países con muy buenos resultados. Es un agonista dual (GLP-1 y GIP), que muestra resultados en descenso de peso incluso superiores a la semaglutida. Actualmente es el de mayor costo.
«Estamos en una nueva era. Pero el fármaco no reemplaza al equipo multidisciplinario», asegura Fabiana Masjoan.







