Paraninfo Nº210/ Junio 2026
Paraninfo Nº210/ Junio 2026
Graduada de la UNL recorre el mundo al servicio del control de epidemias
Surpik Kabaradjian es egresada de la Facultad de Ciencias Veterinarias. Se especializó en Salud Pública y desarrolló su profesión en seis países. Trabaja bajo el concepto de que la salud humana, animal y ambiental es una sola, con dimensiones interconectadas.

Graduada de la Facultad de Ciencias Veterinarias (FCV-UNL), Surpik Kabaradjian es embajadora internacional del profesionalismo y la calidez que brinda la universidad pública argentina. Es cordobesa, tiene 37 años y obtuvo su título de grado en 2012. Se especializó en Salud Pública y desde hace tiempo integra equipos interdisciplinarios para contribuir al bienestar de personas, animales y ecosistemas en distintas latitudes.
“Como ciudadana del mundo, pongo mis conocimientos y mi experiencia al servicio de la prevención y el control de epidemias, así como de otras problemáticas de salud pública en las que hay intersecciones entre diferentes especies y el ambiente”, señaló Surpik.
DE ESPERANZA AL MUNDO
Mientras que a la mayoría de los estudiantes de Veterinaria les atrae la salud animal y otros tantos se interesan por los sistemas de producción (carnes, leche, huevos, lana, cueros), Surpik se inclinó por un camino menos explorado. Cuando egresó de la FCV-UNL, en Esperanza, ingresó a la Residencia en Salud Pública Veterinaria que el Ministerio de Salud de la provincia de Río Negro ofrece como posgrado, junto a la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam).
La propuesta de formación la llevó a rotar por distintas unidades regionales de Epidemiología y Salud Ambiental (URESAS) rionegrinas. En ese contexto, intervino frente a la propagación de enfermedades infecciosas; hizo pruebas de laboratorio para garantizar la seguridad de productos de origen animal; investigó cómo mitigar riesgos sanitarios a los que están expuestos los vecinos de centros de salud de Bariloche. Además de trabajar con otros veterinarios, interactuó con médicos, técnicos en alimentos, gestores ambientales. Esa etapa fue un puntapié para traspasar las fronteras del país con su vocación.
Surpik fue becada para hacer una maestría en la Universidad del Sudeste, en Nanjing China. Durante dos años, se adentró en las dinámicas propias de la Salud Pública de esa ciudad. Se desempeñó en oficinas gubernamentales que se dedican a la prevención y el control de epidemias para esa región (conocidas como CDC, por sus siglas en inglés). Entre otros temas, abordó la resistencia antimicrobiana y la contaminación ambiental.
Después, con el impulso de sus raíces, viajó a Armenia, de donde eran oriundos sus abuelos paternos, quienes a principios del siglo pasado debieron emigrar a causa del genocidio. Surpik, quien como “hija de la diáspora” ya había hecho un voluntariado en ese país, volvió para formar parte de un equipo de consultores internacionales del Ministerio de Salud. Según indicó, “hacíamos tareas de investigación y asesoramiento, analizábamos problemáticas concretas a partir de la base técnica y las experiencias que cada uno tenía”.
Al recorrido profesional de la especialista se suman otras tierras lejanas en distancia y cultura, como Cuba y Malta. Actualmente reside en Estados Unidos, ya que accedió a una visa de talento por tres años y fundó una empresa de consultoría denominada OneHealth Global Net, cuya sede está en Miami. La misión de la firma es mejorar la salud humana, animal y ambiental, respecto de lo cual Surpik afirmó que “el concepto con el que trabajo es el de una sola salud con tres dimensiones interconectadas”.



EL VALOR DE LOS APORTES
Al hacer un balance, Surpik manifestó que “el sistema de Salud que conocí en Río Negro no lo vi en ninguna otra parte”, y aseguró que “es novedoso por la forma en la que el veterinario está involucrado”.
En cuanto a los aportes que los graduados de su carrera pueden hacer en materia de salud pública, apuntó que “tenemos una formación integral en microbiología y parasitología, lo cual es clave para afrontar posibles brotes de enfermedades como hantavirus o covid-19”. A su vez, precisó que “nuestro entrenamiento de base está orientado al abordaje de poblaciones, a diferencia del de la medicina humana, que en general se aboca a los casos particulares”. Su mirada no sustituye a otras, sino que las complementa.
ORGULLO POR LA UNL
“Tengo el ‘orgullo por la UNL’ incorporado”, aseguró Surpik y explicó que “primero me lo transmitió mi papá —veterinario por la misma unidad académica—, y después se consolidó con mis propias vivencias”.
La profesional sostuvo que “la sede de la Facultad en Esperanza es un lugar familiar, un hogar que acoge a estudiantes de diferentes procedencias y genera un sentido de pertenencia extraordinario”. Recordó que “mientras cursaba la carrera, pude investigar todo lo que despertó mi curiosidad; me uní a grupos de estudio; integré distintas cátedras; participé activamente del Centro de Estudiantes”.
Surpik además mencionó que “al mes de graduarme, hice un intercambio a la Universidad José Martí Pérez de Sancti Spiritu, en Cuba, a raíz de que un docente había trabajado allí”, y agregó que “volví con un acuerdo interinstitucional que facilitó las oportunidades de movilidad estudiantil entre ambas universidades”.
Por otro lado, aseveró que “al tener contacto con colegas de otros países, valoro aún más la formación de calidad y con compromiso social que recibí en la universidad pública y gratuita”. Al respecto, concluyó: “Estoy agradecida y también soy consciente de la responsabilidad que conlleva haberme graduado de la UNL”.

