Ciencia y Técnica UNL
Á‚¿Nuestros bosques pueden ser productivos?
Lunes 29 de marzo de 2004
Pertenecen a la provincia del Espinal. La superficie ha sido modificada por el hombre, y muchos bosques desaparecieron al ampliarse el área agrícola. Estudian alternativas a partir del uso sustentable de los recursos.
El centro provincial de Santa Fe y gran parte del centro-norte de la provincia de Entre Ríos pertenecen, desde el punto de vista fitogeográfico, a la provincia del Espinal, denominación que deriva de las espinas que tienen las especies leñosas que dominan en sus bosques. En los últimos 100 años, esta superficie ha sido fuertemente modificada por el hombre, y muchos de sus bosques han desaparecido al ampliarse el área agrícola.
Sin embargo, aún quedan sectores boscosos de relativa extensión sobre los que hay que trabajar sin perder tiempo, entienden los expertos. A esa tarea se encuentra abocado un grupo de investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias (FCA) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), junto con especialistas de las Facultades de Ciencias Agropecuarias de las Universidades Nacionales de Entre Ríos y Córdoba, quienes tienen a su cargo un Proyecto de Investigación Aplicada a los Recursos Forestales Nativos (Piarfon), subsidiado por la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y denominado Alternativas de sustentabilidad del bosque nativo del Espinal.
"Lo importante de esta iniciativa es que por primera vez se presta atención a los bosques del Espinal, un área muy modificada por el hombre, que en los últimos años ha sufrido una reducción drástica de su área boscosa", comenzó a explicar el Dr. José Pensiero, docente-investigador de la FCA. No obstante, quedan aún sectores ocupados por bosques interesantes, y es en ellos donde centrarán su trabajo los expertos.
Á‚¿De qué manera? Aplicando técnicas de manejo que permitan un desarrollo sustentable de los recursos naturales relacionados con el bosque, con el objetivo de crear conciencia acerca de la importancia que tienen nuestros bosques nativos.
En este sentido, el proyecto contempla la implementación de módulos demostrativos (cuya superficie oscila entre 4 y 12 hectáreas), en campos de productores de Entre Ríos y Santa Fe, en los cuales se aplicarán técnicas silvícolas (desarbustado, raleo, poda, enriquecimiento, etc.) y de manejo de pastizales para los recursos forrajeros asociados a los bosques. Por otra parte, se implementarán talleres de capacitación para todos aquellos productores interesados en el tema.
"Si se hace la estimación económica de cuánto puede obtener un pequeño productor de un bosque nativo, sumando las distintas actividades factibles de realizar -producción de miel, leche, carne, madera-, veremos que no estamos muy lejos de lo que le puede dejar cualquier cultivo agrícola, con la ventaja de que si manejamos racionalmente los recursos, el sistema resulta sustentable en el tiempo", indicó Pensiero.
De esta manera, "la extensión del área agrícola en muchos casos se produce a partir de la venta de campos de pequeños productores, que finalmente terminan engrosando los barrios marginales de las grandes ciudades", opinó el Ing. Agr. Carlos DÁ‚'Angelo, otro docente-investigador de la FCA que trabaja en el proyecto, quien también agregó que "en este proceso también es importante tener en cuenta que, en estos momentos, la agricultura está reemplazando actividades que suelen tener mayores requerimientos de mano de obra (por ejemplo el tambo)".
El problema, ven los investigadores, es que "este reemplazo, que implica impactos sociales y ambientales considerables, se centra en el desarrollo de una forma de usar la tierra que depende de la continuidad de las condiciones de mercado favorables. Si estas condiciones de mercado cambian y la actual forma de hacer agricultura pierde rentabilidad, habrá que buscar nuevas opciones productivas; sin embargo, entre estas opciones ya no podría incluirse al uso del bosque, al menos de un bosque con la complejidad y riqueza del que se desmontó para sembrar soja", opinó DÁ‚'Angelo.
"Este proyecto -dijo el experto- intenta ofrecer al productor opciones para quedarse en su tierra, que es mucho más que un pedazo de suelo. Esas opciones tienen en cuenta la preocupación por la sustentabilidad del bosque nativo, comprendiendo que esta sustentabilidad sólo es posible si, a partir del manejo del bosque, se pueden generar beneficios económicos para el productor y su familia".
"Sentarse a esperar no es una opción válida para nosotros", dicen los investigadores. Es por eso que "como universitarios entendemos que la defensa de nuestro patrimonio natural debe hacerse desde el conocimiento; nos sentimos comprometidos en la defensa de nuestros bosques del Espinal, pero entendemos que se trata de una defensa en la que el hombre que vive del bosque no puede estar ausente, y que la sustentabilidad del bosque y la de la gente que vive de él van juntas", finalizaron.
Sin embargo, agregó, "actualmente sabemos que cuando los ecosistemas son disturbados más allá de cierto nivel pierden, en un sentido metafórico, su `identidad original' y ya no son capaces de recuperarla aunque el factor de disturbio desaparezca. En términos de nuestros bosques, no estamos seguros de hasta qué punto son capaces de recuperar su biodiversidad y complejidad estructural y funcional original".
Sin embargo, aún quedan sectores boscosos de relativa extensión sobre los que hay que trabajar sin perder tiempo, entienden los expertos. A esa tarea se encuentra abocado un grupo de investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias (FCA) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), junto con especialistas de las Facultades de Ciencias Agropecuarias de las Universidades Nacionales de Entre Ríos y Córdoba, quienes tienen a su cargo un Proyecto de Investigación Aplicada a los Recursos Forestales Nativos (Piarfon), subsidiado por la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y denominado Alternativas de sustentabilidad del bosque nativo del Espinal.
"Lo importante de esta iniciativa es que por primera vez se presta atención a los bosques del Espinal, un área muy modificada por el hombre, que en los últimos años ha sufrido una reducción drástica de su área boscosa", comenzó a explicar el Dr. José Pensiero, docente-investigador de la FCA. No obstante, quedan aún sectores ocupados por bosques interesantes, y es en ellos donde centrarán su trabajo los expertos.
Á‚¿De qué manera? Aplicando técnicas de manejo que permitan un desarrollo sustentable de los recursos naturales relacionados con el bosque, con el objetivo de crear conciencia acerca de la importancia que tienen nuestros bosques nativos.
En este sentido, el proyecto contempla la implementación de módulos demostrativos (cuya superficie oscila entre 4 y 12 hectáreas), en campos de productores de Entre Ríos y Santa Fe, en los cuales se aplicarán técnicas silvícolas (desarbustado, raleo, poda, enriquecimiento, etc.) y de manejo de pastizales para los recursos forrajeros asociados a los bosques. Por otra parte, se implementarán talleres de capacitación para todos aquellos productores interesados en el tema.
El bosque sí tiene valor
Aunque el hombre sigue reemplazándolo para la agricultura, el bosque tiene potencialidades productivas "a las que nunca se les prestó demasiada atención", expresó Pensiero. Sin embargo, los bosques ofrecen a muchos pequeños productores madera, postes, leña, carne (a través de la producción ganadera o de la caza), leche, miel, frutos y remedios naturales, entre otros beneficios."Si se hace la estimación económica de cuánto puede obtener un pequeño productor de un bosque nativo, sumando las distintas actividades factibles de realizar -producción de miel, leche, carne, madera-, veremos que no estamos muy lejos de lo que le puede dejar cualquier cultivo agrícola, con la ventaja de que si manejamos racionalmente los recursos, el sistema resulta sustentable en el tiempo", indicó Pensiero.
El costado social
Tantas hectáreas deforestadas no sólo han significado la pérdida de árboles sino también un éxodo rural importante de productores que no están contemplados en esta revolución agrícola, simplemente por no poder abordar la escala económica que hoy requiere el cultivo de la soja.De esta manera, "la extensión del área agrícola en muchos casos se produce a partir de la venta de campos de pequeños productores, que finalmente terminan engrosando los barrios marginales de las grandes ciudades", opinó el Ing. Agr. Carlos DÁ‚'Angelo, otro docente-investigador de la FCA que trabaja en el proyecto, quien también agregó que "en este proceso también es importante tener en cuenta que, en estos momentos, la agricultura está reemplazando actividades que suelen tener mayores requerimientos de mano de obra (por ejemplo el tambo)".
El problema, ven los investigadores, es que "este reemplazo, que implica impactos sociales y ambientales considerables, se centra en el desarrollo de una forma de usar la tierra que depende de la continuidad de las condiciones de mercado favorables. Si estas condiciones de mercado cambian y la actual forma de hacer agricultura pierde rentabilidad, habrá que buscar nuevas opciones productivas; sin embargo, entre estas opciones ya no podría incluirse al uso del bosque, al menos de un bosque con la complejidad y riqueza del que se desmontó para sembrar soja", opinó DÁ‚'Angelo.
"Este proyecto -dijo el experto- intenta ofrecer al productor opciones para quedarse en su tierra, que es mucho más que un pedazo de suelo. Esas opciones tienen en cuenta la preocupación por la sustentabilidad del bosque nativo, comprendiendo que esta sustentabilidad sólo es posible si, a partir del manejo del bosque, se pueden generar beneficios económicos para el productor y su familia".
"Sentarse a esperar no es una opción válida para nosotros", dicen los investigadores. Es por eso que "como universitarios entendemos que la defensa de nuestro patrimonio natural debe hacerse desde el conocimiento; nos sentimos comprometidos en la defensa de nuestros bosques del Espinal, pero entendemos que se trata de una defensa en la que el hombre que vive del bosque no puede estar ausente, y que la sustentabilidad del bosque y la de la gente que vive de él van juntas", finalizaron.
Á‚¿Sentarse a esperar?
"Hay un concepto equivocado respecto de la posibilidad de recuperación de los ecosistemas: muchos creen que no importa el grado de disturbio que experimenta un ecosistema natural, basta que el factor de disturbio deje de actuar para que el ecosistema vuelva a su estado original; podrá demorar más o menos tiempo, pero finalmente recupera el estado original. Esto significa que todo lo que se pierde, no importa cuánto o cuán valioso, puede recuperarse", explicó DÁ‚'Angelo.Sin embargo, agregó, "actualmente sabemos que cuando los ecosistemas son disturbados más allá de cierto nivel pierden, en un sentido metafórico, su `identidad original' y ya no son capaces de recuperarla aunque el factor de disturbio desaparezca. En términos de nuestros bosques, no estamos seguros de hasta qué punto son capaces de recuperar su biodiversidad y complejidad estructural y funcional original".