Coronavirus

Ciudades post pandemia: claves para pensar el futuro en la región

Sábado 11 de julio de 2020 / Actualizado hace 1 semana, 6 días

En un contexto de crisis multidimensional e incertidumbre se abren debates sobre la vida en las ciudades y su abordaje ante la pandemia del COVID-19. Así lo expuso Elkin Velásquez del Programa ONU-Hábitat quien brindó un análisis anclado en Latinoamérica.

El representante regional del Programa ONU-Hábitat para América Latina y el Caribe, Elkin Velásquez, brindó la conferencia virtual: "El futuro de las ciudades post(?) COVID-19". El encuentro fue parte de un ciclo de conferencias con eje en las repercusiones de la pandemia del COVID-19 y el post COVID-19.

La videoconferencia fue organizada por el Instituto de Estudios Avanzados (IEA Litoral), la Universidad Nacional del Litoral (UNL), la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU-UNL) y la Municipalidad de Santa Fe. Fue presentada conjuntamente por el rector de la UNL, Enrique Mammarella, y el intendente, Emilio Jatón, y moderada por el decano de FADU-UNL, Sergio Cosentino. Se realizó el 23 de junio y contó con más de 200 participantes en línea.

Velásquez comenzó la disertación explicando la utilización del signo de interrogación en el título de su conferencia y adelantó: “En medio de tanta incertidumbre, lo que sabemos del futuro post COVID-19 es que vamos a convivir con el COVID”. Asimismo, remarcó la importancia de pensar en soluciones prácticas y de proximidad en cada ciudad, destacando a la salud como área estratégica, siempre trabajando en y con las comunidades de cada barrio.

Desde la perspectiva de este investigador, reforzar la colaboración interinstitucional y escuchar y co-crear con las comunidades resulta fundamental para encontrar respuestas sostenibles a los problemas frente a la crisis, pero también ante aquellos conflictos y desigualdades estructurales que se materializan en las ciudades y que afectan a la población más vulnerable.

Crisis multidimensional

“Esta es una crisis multidimensional que nace como una crisis sanitaria y epidemiológica, pero inmediatamente genera una crisis económica, a nivel de las cadenas de valor mundial, y esto desencadena una crisis social en muchas partes del mundo. En no pocos países esto ha llevado a exacerbar elementos de crisis política o ha dado inicio a éstas”, afirmó Velásquez.

Siguiendo sus palabras, con el pasar del tiempo, podemos evidenciar que aquella rápida recuperación que se auguraba para la post pandemia se ha ido extendiendo poco a poco. Se trata de una crisis que afecta a todos los sectores de la población y en la vida de muchas ciudades puede ser un período de varios meses o años. “Aquí aparece un primer elemento para pensar hacia adelante: en el futuro nos tendremos que preparar para crisis de larga duración, no sólo en América Latina y el Caribe sino en todo el mundo. Es algo que no estaba entre las herramientas de respuestas a las crisis de los países, por lo que deberá ser considerado como un sector estratégico, con las implicancias que posee para los modelos financieros”, subrayó.

En concordancia, expresó que para el futuro también “estamos aprendiendo que probablemente en muchos ámbitos no vamos a volver a una normalidad de antes de la pandemia. Como se ha dicho, va a ser una ‘nueva normalidad’ pero aún sin saber cuándo se dará. Esto dependerá en buena parte de cómo estemos respondiendo hoy y cómo estemos coexistiendo con el COVID-19 estos varios meses. Deberemos pensar en gerenciar el futuro inmediato, que va a determinar el futuro a más largo plazo”.

Ciudades: viejos y nuevos debates

Con respecto a la vida en la urbe, Velásquez precisó que en este contexto de crisis se reabren debates y discusiones que ponen en tela de juicio el propio concepto de ciudad. “Uno podría decir que esta es una crisis de relaciones sociales, no sólo por el aislamiento o la distancia física, sino que tiene impacto en la economía, en las instituciones, en las funciones de la sociedad. Cuando analizamos esto desde la ciudad, es cuanto menos paradójico pues la ciudad es la materialización del principio de la aglomeración, del intercambio permanente de personas, de bienes y servicios. Intercambios que son físicos, emocionales, ambientales, de muchas índoles”, sostuvo.

Como ejemplo de estos dilemas, el especialista de ONU-Hábitat indicó que inicialmente se planteó que el problema ante los contagios era el de la densidad poblacional pero que, al mismo tiempo, hay ciudades entre las más densas del mundo donde no ha habido tanto número de contagios o se han administrado de maneras convenientes.

“Para abordar esta crisis tenemos que tener presente que hay mucha incertidumbre. Es un llamado a la modestia, a la humildad, en entender que vamos a necesitar muchísima más colaboración en las formas de abordaje de la ciudad, de la comprensión de las dinámicas de las ciudades y la convivencia con la epidemiología. En algunos casos, nos va a tocar avanzar con mucha capacidad de observación, con ensayo y error, en pruebas, análisis de sensibilidad y, si es necesario, retroceder”, reflexionó.

“Frente a la incertidumbre, nada como la innovación”, apuntó, y puntualizó: “Es un momento para construir y facilitar ecosistemas para la innovación en torno a temas y sectores que puedan desencadenar nuevas avenidas para el desarrollo”. Además, señaló que “en nuestras vidas en las ciudades y en nuestras instituciones es necesario un componente muy importante de pedagogía: Hemos identificado la necesidad permanente de ejercicios de comunicación y de construcción de cultura ciudadana”.

Integración e inclusión

A nivel regional, Velásquez especificó que cuando esta crisis llegó a América Latina y el Caribe “ya nos encontró en un mal momento como región, en las expectativas y previsiones de crecimiento. Seguimos siendo una de las regiones más desiguales en el mundo y esto tiene una materialización en nuestras ciudades, con una serie de brechas estructurales, en términos de protección social. Adicionalmente, nos encuentra en una situación de debilidad de nuestra integración regional. Como esta pandemia es un fenómeno que va más allá de las fronteras, requiere de muchísima colaboración y trabajo conjunto”.

Sobre el impacto de la pandemia, recalcó que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha adelantado un aumento de 30 millones en el número de personas en la pobreza y unos 15 millones en extrema pobreza. “Si algo podemos decir con certeza, es que en el futuro de América Latina si no trabajamos para solucionar las desigualdades, vamos a seguir teniendo muchos problemas hacia adelante para enfrentar cualquier pandemia o crisis y para el desarrollo”, declaró.

Soluciones de proximidad

Tras varios meses de coexistencia con el COVID-19, el desafío es pensar en el futuro deseado en y para las comunidades de Latinoamérica. El analista concluyó que “lo importante será cuánto vamos a poder reducir las vulnerabilidades en nuestros barrios. En gran parte, éstas tienen que ver con nuestra situación socioespacial, con esta necesidad imperante de los habitantes de tener que atravesar toda la ciudad para tener acceso al trabajo, a los servicios básicos e incluso a los sitios de esparcimiento”.

“Cuando uno habla con comunidades de nuestra región, uno empieza a entender que sería muy interesante si las personas en estos momentos no tuvieran que desplazarse tanto en las ciudades y pudieran acceder a las funciones básicas de la ciudad en un ámbito de proximidad. Muchos expertos y expertas están planteando la importancia de la ciudad de la proximidad, de La ciudad de los 15 minutos”, manifestó.

“De hecho, cuando analizamos los dos elementos claves para atender la pandemia que son ‘quédate en casa’ y ‘lávate las manos’ eso no se puede cumplir en muchas de las barriadas, villas y favelas de nuestros países. Es crucial encontrar soluciones conversadas con las comunidades, que en muchos lugares son quienes están ayudando a las instituciones subnacionales o nacionales a encontrar soluciones prácticas, concretas, en el propio barrio”, resumió.

Cuidados estratégicos y comunidad

Para Velásquez, esta pandemia ha hecho más que perceptible que la salud se debería concebir como sector estratégico a internalizar en nuestros presupuestos y en la forma de concebir la economía urbana. “También se ha resaltado la importancia de las redes familiares comunitarias de cuidado a los enfermos, los adultos mayores, los niños, entre otros. Hay todo un sistema de cuidados que conforma todo eso que una ciudad moviliza para responder a una crisis, sobre todo a una de tipo sanitaria”, aportó.

Con una mirada actualizada ante la pandemia, la vivienda y los espacios públicos se vuelven elementos fundamentales del cuidado. “La existencia o no de los espacios públicos en ciertas comunidades ha sido determinante dado que, si no te puedes encerrar en tu hogar por las condiciones de hacinamiento, los espacios públicos son donde se puede estar buena parte del día, manteniendo la distancia física que los investigadores están planeando”, argumentó.

“Otro factor que es elemental es el de la conectividad a Internet. Para construir el futuro nuestras sociedades necesitan conectividad como un derecho, no solamente como un servicio. Cuidado, casa y conectividad serían las tres C en esa ciudad de la proximidad. Esto es una oportunidad para las comunidades, que serían la cuarta C”, graficó.

En línea con la idea de las comunidades, expuso que “allí donde hay colaboración interinstitucional se han encontrado respuestas más rápido, más fácil, en todo caso más sostenibles, a los problemas. La colaboración interinstitucional es fundamental, tiene mucho que ver también con la capacidad de tener acuerdos sobre lo fundamental en nuestras sociedades y poner de lado, en lo posible, los debates políticos”.

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