Vinculación

El círculo virtuoso de la ciencia pública sustentable

Martes 20 de octubre de 2026 / Actualizado hace 6 horas, 32 minutos

Tras décadas de investigación y transferencia, el CMC se consolidó como plataforma biotecnológica que se proyecta al mercado global. Un modelo sustentable donde la ciencia pública de alta complejidad financia infraestructura, formación y nueva ciencia.

El Centro de Medicina Comparada (CMC) del Instituto de Ciencias Veterinarias del Litoral (ICIVet) —dependiente de la Universidad Nacional del Litoral y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas— se ha consolidado como la llave regulatoria indispensable para que pymes, startups y multinacionales transformen el conocimiento científico argentino en innovación con proyección internacional.

Al reunir una combinación de certificaciones y reconocimientos de estándares globales, esta plataforma brinda servicios de alta complejidad a más de 150 empresas y 80 grupos de investigación. Lejos de un esquema tradicional, la vinculación tecnológica aquí se retroalimenta: los ingresos generados por servicios a terceros financian infraestructura, equipamiento y la formación de científicos a través de becas estudiantiles de grado. Un modelo donde la ciencia aplicada demuestra que es posible construir soberanía tecnológica, impacto productivo y desarrollo humano desde la región.

De Esperanza al mercado global

A primera vista, la ciudad de Esperanza evoca la tradición agropecuaria del centro santafesino. Sin embargo, dentro del predio de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Litoral (FCV-UNL), en los laboratorios del CMC, se despliega un riguroso trabajo de validación científica que permite transformar investigaciones prometedoras en medicamentos y vacunas seguras, listas para mejorar la salud humana y animal.

Se trata de un engranaje científico fundamental, en el cual un equipo multidisciplinario lleva adelante ensayos preclínicos de alta complejidad que garantizan a cada desarrollo biotecnológico el sello de calidad y trazabilidad internacional.

Con un crecimiento sostenido impulsado por convocatorias de cambio de escala, esta plataforma atiende demandas de 14 provincias, Ciudad Autónoma de Buenos Aires y trasciende las fronteras de Argentina. Para el entramado productivo y académico, el CMC no es simplemente un prestador de ensayos: es la herramienta estratégica que transforma el conocimiento en soluciones comerciales y exportables.

Su director, el Dr. Hugo Ortega, explica al respecto: “Si nos eligen no es por falta de alternativas, sino porque somos una de las pocas plataformas integrales del país capaces de acompañar desde ensayos básicos de laboratorio hasta dossiers regulatorios de alta complejidad. Aportamos un know-how de más de 25 años en exigencias de mercado que muy pocas instituciones poseen”.

La llave regulatoria y la garantía de calidad

En la ciencia aplicada a la salud, descubrir una molécula prometedora es solo el primer paso de una maratón científica. Para autorizar ensayos en humanos, las agencias regulatorias exigen evidencia preclínica de seguridad; la comercialización requiere, además, evaluar la calidad, la eficacia y la seguridad clínica del producto. Allí radica el valor diferencial del CMC: es el único centro integrado al sistema científico-tecnológico público argentino que reúne la certificación ISO 9001, la declaración de conformidad con las Buenas Prácticas de Laboratorio (BPL-OCDE), la inscripción en RENACLAB (Registro Nacional de Certificadoras y Laboratorios de Ensayo y Calibración de Argentina) y las habilitaciones de ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología) y SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria).

Este Centro no ofrece simplemente el uso de un microscopio o un ensayo aislado; ofrece trazabilidad científica, rigor metodológico y confianza regulatoria. Sus evaluaciones permiten que una pyme local o un grupo de I+D negocien de igual a igual con multinacionales o agencias internacionales, con documentación que facilita la evaluación regulatoria internacional, según requisitos aplicables. “Las certificaciones les permiten a las empresas que sus desarrollos sean reconocidos tanto por agencias regulatorias locales como internacionales. Esto evita duplicar ensayos cuando buscan ingresar a otros mercados. Aplica tanto a startups de base tecnológica que inician etapas regulatorias como a grandes laboratorios para los que realizamos control de calidad de productos que exportan a decenas de países”, destacó Ortega.

Detrás de cada dossier aprobado existe una arquitectura de procedimientos donde nada queda al azar. La gestión de calidad representa el corazón operativo que convierte un hallazgo de laboratorio en una prueba de seguridad indestructible para la industria biotecnológica global. Para entender cómo se sostiene ese estándar, Natalia Salvetti, coordinadora del Centro y responsable del área de Gestión de la Calidad, explica que la tarea diaria implica una evaluación constante de riesgos, auditorías internas y capacitación continua. Este esquema es la garantía de que cada dato obtenido sea irrefutable.

“Para una pyme o una multinacional, esto representa un respaldo científico y regulatorio concreto: contar con estudios documentados, datos trazables y procedimientos que permiten reconstruir cómo se obtuvo cada resultado”, enfatiza Salvetti. Añade que esta fiabilidad metodológica, sumada a la confidencialidad, facilita que las autoridades aprueben los desarrollos sin necesidad de duplicar ensayos. En los estudios no clínicos de seguridad, el estándar BPL-OCDE resulta determinante gracias al sistema de Aceptación Mutua de Datos (MAD), mecanismo internacional que permite que los ensayos realizados en Esperanza sean reconocidos automáticamente en los países miembros o adherentes a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).

Tres pilares para un estándar internacional

Lograr que un centro científico público mantenga certificaciones y reconocimientos de este calibre requirió una transformación tanto estructural como cultural. Salvetti detalla que el CMC atravesó una evolución gradual donde las propias exigencias que las empresas traían de sus auditorías privadas sirvieron como palanca para profesionalizar los flujos de trabajo.

La especialista sintetiza la sostenibilidad de este modelo público en tres pilares conceptuales: visión institucional orientada a la vinculación: entender que la ciencia pública no sólo produce conocimiento teórico, sino que puede generar servicios complejos con estándares regulatorios globales; profesionalización y sinergia académica: la pertenencia a la UNL y al CONICET aporta una base científica sólida, donde la interacción entre investigadores, docentes y técnicos permite proponer soluciones a medida; gestión del riesgo y reinversión: identificación preventiva de desviaciones y reinversión constante en infraestructura y equipamiento de última generación.

Vencer el mito de la burocracia: una cultura que se contagia

¿Cómo se logra que un equipo incorpore el rigor como un hábito natural? Para Salvetti, la clave está en el propósito: “esta cultura se construye mostrando el valor de la calidad para el trabajo de cada integrante. Poder explicar cómo se obtuvo un dato y reconstruir el proceso es la esencia de la investigación”.

El compromiso se consolida cuando el equipo comprende el impacto real de su rol diario: “Cuando se entiende que un registro adecuado, un equipo calibrado o una desviación correctamente documentada contribuyen a que un estudio pueda ser evaluado con éxito por una autoridad regulatoria, esas tareas adquieren un sentido concreto”, reflexiona.

Detrás del éxito de medicamentos e inmunizaciones de alcance internacional hay miles de horas de trabajo silencioso: revisión de protocolos, auditorías de datos, controles de biocontención y verificación de equipos. Ver que esos desarrollos llegan al mercado “Representa la satisfacción de saber que nuestro trabajo contribuye al avance de desarrollos nacionales y confirma que la gestión de la calidad es una herramienta estratégica para fortalecer nuestras capacidades tecnológicas”, agrega.

El círculo virtuoso de la ciencia pública

Lejos de depender exclusivamente de esquemas presupuestarios rígidos, el CMC consolidó una arquitectura de gestión circular donde cada servicio prestado a la industria privada vuelve a alimentar el sistema público. Este modelo constituye una fuente de recursos propios importante para la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNL: los fondos por propio producido propio ingresan a la institución y financian actividades de docencia y mantenimiento general.

Los recursos generados por transferencia tecnológica se administran con precisión estratégica: cubren gastos operativos, insumos, mantenimiento de acreditaciones y personal y, principalmente, se reinvierten en nuevo equipamiento, ampliación de infraestructura, proyectos de investigación y becas estudiantiles. “En tiempos de crisis, estos fondos sostienen la investigación y la formación de recursos humanos. Nos permiten financiar asistencia a congresos, comprar reactivos y asegurar la contrapartida efectiva que exigen las agencias de financiamiento. Incluso nos da margen para asumir desafíos científicos audaces”, explicó Ortega.

El mapa de la confianza

El volumen de una institución científica se mide por quienes confían en sus resultados. El registro del CMC revela una red activa de más de 150 empresas y 80 grupos de investigación distribuidos en 14 provincias argentinas, CABA, 13 países con provisión directa y un impacto comercial indirecto en más de 65 países de los cinco continentes.

A diferencia de lo que se podría suponer, el CMC no compite por precio, sino por el valor agregado de sus capacidades: “nuestra oferta no es más económica que la competencia en el sector privado; contamos con un valor agregado basado en el know-how universitario. Pero cuando trabajamos con empresas jóvenes o startups, si ellas contribuyen a la formación de nuestros recursos humanos —publicando en conjunto o generando metodologías reutilizables—, reducimos los costos significativamente porque generamos un valor intangible que queda en nuestro patrimonio”, señala Ortega.

Esta red abarca diversos actores del ecosistema, entre los que se encuentran empresas líderes en la industria farmacéutica y veterinaria, institutos de investigación públicos y startups biotecnológicas

Madurez institucional y la estrategia de "cambio de escala" 

Camino a cumplir 30 años de trayectoria en investigación aplicada, el Centro de Medicina Comparada se ubica como un caso testigo de innovación y una de las experiencias de vinculación tecnológica más consolidadas del sistema universitario público argentino.

Esta expansión se basó en una estrategia deliberada de escalado tecnológico. A lo largo de su historia, el CMC participó en convocatorias clave articulando fondos universitarios (CATT-UNL), provinciales (ASECTeI Santa Fe) y nacionales (FONTAR, FONARSEC, MINCyT). Cada proyecto adjudicado permitió incorporar infraestructura de vanguardia y estructurar su sistema de gestión de calidad.

“Empezamos como un pequeño centro tratando de instalarnos y fuimos aprovechando cada convocatoria de cambio de escala. Eso nos dio competitividad local para responder a pocas empresas y luego postular a fondos más grandes como FONARSEC y FONTAR para dar saltos de calidad. Fue un desafío enorme porque no había antecedentes y el know-how no se transfiere fácilmente en este sector; los intangibles son uno de los activos más valiosos que construimos”, señaló Ortega.

Capital humano y retorno a la sociedad

El valor de esta estructura se mide fundamentalmente en el futuro de los jóvenes de la región. A través de los fondos generados por servicios a terceros, el CMC financia un programa propio de becas y prácticas profesionales rentadas para estudiantes de Medicina Veterinaria de la UNL.

Este mecanismo fomenta el arraigo y frena la fuga de cerebros. Estudiantes que ingresaron como becarios completaron sus tesis y doctorados en el centro y hoy se desempeñan como investigadores del CONICET o directores científicos en empresas biotecnológicas.

“El centro contribuye directamente a la formación de nuestro personal financiando cursos y equipamiento. En el caso de los estudiantes de grado, les otorgamos becas completas que les permiten finalizar sus carreras mientras realizan sus primeras prácticas profesionales. Ver esa evolución es el verdadero retorno social de la ciencia pública”, explicó Ortega.

Salvetti concluye con una reflexión sobre el sentido del trabajo colectivo: “Saber que desde el sistema público contribuimos a responder a necesidades de salud es nuestra mayor motivación. Estos logros nos recuerdan la importancia de sostener la ciencia pública: detrás de cada desarrollo hay años de formación y trabajo colectivo que necesitan continuidad para traducirse en beneficios para toda la sociedad”.

El CMC en números: radiografía del impacto

• Experiencia acumulada: 29 años de trayectoria en investigación aplicada y transferencia tecnológica.

• Capacidad operativa: +3.600 protocolos ejecutados en su historia, con un ritmo promedio de 500 protocolos anuales.

• Oferta prestacional: 35 servicios tecnológicos de alta complejidad en vigencia.

• Infraestructura especializada: 1.150 m² cubiertos (700 m² de unidad preclínica y 450 m² de laboratorios de apoyo).

• Equipo profesional: +70 profesionales e investigadores involucrados en la operación científica, técnica y gestión de calidad.

• Red de empresas: Servicios y asesoramiento especializado a +150 empresas del sector biofarmacéutico y veterinario.

• Vinculación académica: Sinergia continua con +80 grupos de investigación del sistema científico.

• Alcance e impacto territorial: Cobertura en 14 provincias argentinas y CABA, 13 países con provisión directa y productos evaluados comercializados en +65 países.

• I+D y proyectos: +30 convenios de I+D firmados, +17 proyectos de desarrollo tecnológico ejecutados y 3 proyectos público-privados constituidos para escalado.

• Producción y formación: +250 publicaciones científicas en revistas internacionales y +60 tesis de grado y posgrado desarrolladas.

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