Armas químicas

“El conocimiento se puede usar con buenos fines o no”

Viernes 30 de agosto de 2013 / Actualizado el lunes 2 de septiembre de 2013

Lo dijo Gustavo Zlauvinen, secretario ejecutivo de la Autoridad Nacional para la Convención de Armas Químicas (ANCAQ). Fue en el marco del seminario sobre "Educación en el uso responsable del conocimiento químico dual" que dictó la FBCB.

En un Aula Magna plena de estudiantes universitarios y secundarios, se llevó a cabo en la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas (FBCB) de la UNL  el seminario “Educación en el uso responsable del conocimiento químico dual”, a cargo Gustavo Zlauvinen, secretario ejecutivo de la Autoridad Nacional para la Convención de Armas químicas (ANCAQ). La actividad, organizada por la FBCB-UNL, la ANCAQ y el Ministerio de Relaciones Exteriores y Cultos de Argentina, comenzó con palabras de bienvenida del decano de la FBCB, Javier Lottersberger, y la presentación de Zlauvinen a cargo del secretario académico, Héctor Odetti. También participaron de los paneles los docentes de la casa, Julio Macagno, Marcelo Murguía y Rubén Ruocco.
Por su parte, Zlauvinen, quien es ministro de embajada y fue veedor de la ONU del desarme de Irak, en la actualidad es el encargado no sólo de controlar que el país esté libre de armas químicas sino también de registrar e inspeccionar aquellas plantas que produzcan, consuman o comercialicen sustancias químicas tóxicas, que pueden ser pesticidas, insumos fotográficos, automotrices, productos cosméticos, entre otros.

Una historia de larga data
“Las armas químicas han sido utilizadas a lo largo de la historia de la humanidad, el hombre primitivo puso venenos en puntas de flecha, por ejemplo. Pero lo que ha cambiado desde la primera guerra mundial es la masividad que alcanzan sus efectos”, explicó Zlauvinen y completó que “desde el punto de vista global, sus consecuencias fueron conocidas y criticadas socialmente desde hace poco tiempo, podríamos decir que fue importante la cobertura de periodistas internacionales de los ataques de Saddam Hussein contra los kurdos en la década del ’80, donde murieron cientos de miles de civiles”. Recordemos que fue a partir de ese hecho que unos años más tarde se firmó la Convención contra las Armas Químicas, de la cual participan todos los países del mundo menos seis: Siria, Israel, Corea del Norte, Angola, Egipto y Zambia.

La educación en ética
“Es fundamental que desde las instituciones educativas se tome conciencia de la responsabilidad que implica el conocimiento que están impartiendo. Así como cuando se forma un policía o un militar, se le da un arma y se confía en que sea usado con buenos fines, lo mismo sucede con los conocimientos científicos. Su uso es dual, pueden servir para hacer el bien o el mal”, afirmó Zlauvinen.
El ministro explicó que durante su tarea habitual de inspección de industrias que deben declarar ante el ANCAQ elementos que son considerados peligrosos, el científico a cargo desconoce que debe hacerlo. “No estamos enseñando la responsabilidad ética que tienen los profesionales en química. Por ejemplo, no existe en esta área un ‘juramento hipocrático’ como tienen los médicos, donde se compromete al profesional a hacer un uso conciente y responsable de sus saberes”, indicó.
Es por esto que el ANCAQ lleva adelante el proyecto “Educación en química dual” junto al Ministerio de Educación, que es una iniciativa única a nivel mundial. “No queremos sancionar más a los profesionales, queremos que estén educados, porque eso va a estar relacionado a mejores registros de sustancias peligrosas, disminución de accidentes industriales, y en definitiva, a nuestra confiabilidad como país”,  explicó Zlauvinen y continuó: “hace unos años no se nos permitía comprar ni vender tecnología química de punta porque no podíamos acreditar nuestro nivel de responsabilidad. Hoy esto es diferente, pero igual tenemos que demostrar todos los días que somos confiables, porque en definitiva de eso depende el desarrollo tecnológico de nuestro país”.
El objetivo de este proyecto es desarrollar en las universidades espacios educativos que incorporen temáticas sobre la importancia, rol y responsabilidad de los futuros profesionales, “pero no con una asignatura específica en currículas que de por sí están sobrecargadas, sino desde el método mismo de enseñanza. Queremos que los docentes enfrenten permanentemente a los alumnos con los debates éticos que conllevan estos saberes”.
 

 

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