Trabajo de ONGs

Buscan preservar la riqueza de los humedales

Jueves 31 de mayo de 2007

Proponen zonificar los Bajos Submeridionales, uno de los humedales más extensos e importantes de la Argentina. En Santa Fe, ocupan el 21% del territorio. Se realizó una presentación en la UNL.

En la provincia de Santa Fe hay lugares muy conocidos; otros muy habitados. Hay lugares que se caracterizan por su producción agropecuaria; regiones que son parte fundamental de la más importante cuenca lechera argentina. Y también hay rincones escondidos, que casi nadie mira, aunque ocupen miles y miles de hectáreas.
En Santa Fe se “esconde” uno de los más grandes humedales del país: nada menos que 3,3 millones de hectáreas repartidas entre el norte de nuestra provincia, parte de Chaco y Santiago del Estero. Se trata de los Bajos Submeridionales, un territorio fuertemente caracterizado (como ocurre con otros humedales) por un vaivén permanente de aguas, una rica flora autóctona y hasta por ser la tierra elegida de los últimos ejemplares del venado de las pampas, una especie en peligro de extinción.
Pero además de atesorar partes perdidas de la naturaleza, los Bajos son una fuente fundamental de agua dulce, un recurso en crisis en todo el mundo; regulan el clima, y permiten la retención de sedimentos y sustancias tóxicas.
Sin embargo, las últimas transformaciones provocadas por el hombre en el ambiente (el desmonte, la extensión de la frontera agrícola) terminaron poniendo en peligro estas tierras, y también a quienes las habitan.
 
¿Destrucción?
Una de las características principales de los humedales es su escasez de árboles: más de tres cuartos de los Bajos están cubiertos por pastizales (existen algunas comunidades leñosas como palmares, chañares, algarrobos y en menor medida quebrachos colorados, pero en mínima proporción). Sin embargo, el desmonte ocasionado por la extensión de la frontera agrícola -a partir de la recuperación de tierras para la práctica del cultivo extensivo, como la soja- también produjo modificaciones en este hábitat tan particular.
“En los bajos no hay bosques, pero en regiones aledañas se viene promoviendo la extensión de la frontera agrícola”, comenzó a explicar el Lic. Pablo Herrera, coordinador del Programa Gran Chaco de la Fundación Vida Silvestre, una de las Organizaciones No Gubernamentales que presentó en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) el documento “Zonificación de los Bajos Submeridionales del Norte Santafesino. Una herramienta para la planificación del desarrollo productivo y la conservación de la biodiversidad de un humedal amenazado”.
Los bosques tienen la capacidad de retener el agua de lluvia, y el desmonte -dijo Herrera- provoca que “ese agua se escurra superficialmente y vaya hacia zonas más deprimidas, o sea los Bajos. La conclusión es que se termina trasladando el problema de la inundación a los Bajos”.
Según el trabajo realizado por Vida Silvestre y Fundapaz, la reciente construcción de una red de canales de desagüe destinada a reducir los efectos de los anegamientos que atraviesa la región no hizo otra cosa que poner el humedal bajo amenaza: “Altera la capacidad natural del humedal para regular el nivel de las aguas y con ello sus aptitudes productivas”, dice el trabajo, que fue presentado el mes pasado en el Paraninfo de la UNL, con la organización de Fundapaz, la Embajada de España en Argentina, la Fundación Vida Silvestre, la Federación Universitaria del Litoral (FUL) y la Secretaría de Extensión de la UNL.
“Con la extensión de la frontera agrícola el problema es similar”, dijo Herrera. Sucede que los Bajos no son tierras aptas para el cultivo, por su excesiva salobridad y la escasez de agua en algunos períodos del año.
Sin embargo, “hay arriesgados que en épocas ‘de seca’ hacen cultivos como sorgo y girasol, que quizás en el cortísimo plazo genera algún beneficio económico mayor que otras actividades productivas, pero en el mediano y largo plazo termina destruyendo el suelo y deja un desierto terrible”, agregó.

Zonificar los Bajos
En Santa Fe, particularmente, el área de los Bajos se extiende hasta los departamentos 9 de Julio, San Cristóbal, Vera y San Justo, lo que representa el 21% de la superficie total de la provincia. Semejante extensión de tierra sólo es ocupada por el 8,9% de la población.
“Creo que es uno de los motivos por los cuales no se les presta demasiada atención –dijo Herrera-. Pero igual es gente y no se la puede someter a vivir en condiciones de precariedad, como hace 50 años, sin agua potable, sin luz eléctrica y prácticamente incomunicados”.
La ausencia de servicios básicos se ve agudizada –dice el trabajo- por “la concentración de la tierra en manos de escasos propietarios, muchas veces foráneos y con expectativas productivas incompatibles con las condiciones naturales de la región”, lo que impacta en las posibilidades de desarrollo de los pequeños productores rurales.
Para eso, la propuesta pretende establecer una “zonificación” que defina qué lugares son aptos para la conservación de la biodiversidad y cuáles son los que tienen mayor potencial económico-productivo. “El ordenamiento territorial pretende, por un lado, definir en qué regiones promover distintas actividades productivas y, por otro, que se usen los recursos de manera sustentable. Esto apunta a compatibilizar distintas actividades productivas y a minimizar los impactos negativos” en el medio ambiente, explicó el representante de Vida Silvestre.
Para esto se viene trabajando en una experiencia piloto con un grupo de 6 productores en una superficie de 7.000 hectáreas, “orientada a saber cuáles son las prácticas del manejo del agua y de los pastizales naturales en los campos, que permita mejorar los rindes y paralelamente evitar los daños en el ambiente”.

¿Tierra de nadie?
Actualmente hay dos áreas legalmente protegidas dentro de los Bajos Submeridionales, pero apenas cubren el 0,2% del total de la superficie. “Además están en manos privadas”, dijo Herrera.
“Es imposible que se declare área protegida a toda la gran región, pero sí es importante que se protejan áreas en zonas de valor especial dentro de los bajos, por ejemplo en la zona donde quedan venados de las pampas. Ahí hay que promover la creación de áreas protegidas”, finalizó.

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