Prevención

Cómo planificar cultivos y acondicionar tambos frente a El Niño

Martes 15 de septiembre de 2026 / Actualizado hace 4 horas, 41 minutos

Los docentes de la Facultad de Ciencias Agrarias (FCA-UNL), Paulo Marano y Guillermo Toffoli, brindaron recomendaciones vinculadas a posibles excesos hídricos en la actividad agropecuaria. Destacaron la importancia de la gestión integral del agua.

Después de varios años de sequía, la campaña 2026/2027 enfrenta un nuevo escenario a partir de los pronósticos de El Niño. Si bien ese fenómeno meteorológico está en plena evolución y no se puede saber de antemano cuán fuerte será su impacto, la posibilidad de excesos hídricos en las zonas rurales es el riesgo central de esta temporada.

Las precipitaciones extremas que se prevén para la primavera y el verano y se estima que disminuirán progresivamente durante el próximo otoño tendrán consecuencias más allá de los suelos. También afectarán la sanidad vegetal y la productividad de los cultivos, la infraestructura hidrovial y la logística de las actividades agropecuarias en general. En tal sentido, los docentes de Agrometeorología y de Diagnóstico y Tecnología de Aguas de la carrera de Ingeniería Agronómica que se dicta en la Facultad de Ciencias Agrarias (FCA-UNL), Paulo Marano y Guillermo Toffoli, brindaron una serie de recomendaciones.

En un informe conjunto, los especialistas recordaron que “el relieve de nuestra provincia es una extensa llanura, en particular la región central, por lo que al no existir una red de drenaje organizada y jerarquizada, predomina la infiltración en lugar del escurrimiento hacia cauces naturales”. Por ende, los anegamientos se generan cuando los suelos se saturan al no poder almacenar más líquido de forma subterránea y, una vez en la superficie, las aguas corren desde los sectores más altos hacia los más bajos.

    En tanto, Marano y Toffoli expusieron que “la recarga del perfil del suelo por exceso de lluvias redunda en el aumento de los niveles freáticos”. No obstante, a partir de datos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Rafaela actualizados a mediados de este mes, destacaron que “tenemos una ventaja respecto del último evento de El Niño, desarrollado en 2016, ya que por entonces la profundidad de la freática era de apenas 0,6 metros mientras que actualmente es de 5 metros”. 

 

Cultivos y lechería

    En este momento, la mayoría de los campos que están sembrados en nuestra región tienen implantado trigo. En función de las condiciones actuales, Marano y Toffoli indicaron que “la alta humedad relativa trae aparejadas enfermedades que deben ser controladas”. Precisaron que “la falta de piso puede retrasar el ingreso de equipos terrestres para su control”, y agregaron que “el uso de drones ayuda a mitigar este problema”. 

Asimismo, en vistas a los próximos meses sostuvieron que “se recomienda sembrar los cultivos de verano (principalmente, soja, maíz, girasol y, en menor medida, sorgo y algodón) en fechas que permitan eludir la ventana de máximo riesgo para las etapas de floración y llenado de grano, así como optar por híbridos y variedades con buena tolerancia al encharcamiento”. Añadieron que “se aconseja fraccionar la fertilización nitrogenada para reducir pérdidas por desnitrificación”. 

A raíz de El Niño, los cultivos afrontarán mayores precipitaciones y menor insolación que en las últimas campañas. En ese marco, es probable que las mayores dificultades aparezcan a la hora de la cosecha. “Además de pérdidas de rendimiento, habrá atrasos por no contar con piso adecuado, por lo que se deberá reforzar la capacidad de secado y acondicionamiento de grano para poder trabajar con piso húmedo”, afirmaron Marano y Toffoli. En cuanto al almacenamiento, detallaron que “quienes utilizan silos bolsa tendrán que ubicarlos en sitios altos”. Con todo, apuntaron que “conviene chequear la cobertura de los seguros agrícolas”. 

Por otra parte, los docentes de la FCA-UNL refirieron a la lechería. “Gracias a que este invierno fue benigno en temperaturas y lluvias, hubo muy buena producción de pasturas”, mencionaron. “Ahora las prioridades son revisar y reforzar la infraestructura de los tambos (caminos internos, alcantarillas, cunetas y canales) y aumentar las reservas forrajeras de silaje y heno ante la vulnerabilidad de la alfalfa por exceso de agua”, subrayaron. También, dado que las precipitaciones recurrentes podrían saturar los terrenos, sugirieron “ajustar la carga animal por hectárea para aliviar la presión sobre los potreros e incluir planes de encierre o alimentación a corral parcial”. 

En general, otra circunstancia a contemplar es el estado de los caminos rurales. La falta de transitabilidad aísla a los pobladores y, a su vez, retrasa los traslados necesarios para llevar adelante distintas actividades productivas. Marano y Toffoli manifestaron que “en nuestra provincia hay muchos kilómetros entre distritos y las vías de comunicación suelen tener cunetas para conducir excesos hídricos y grandes alcantarillas en los cruces”. Por lo tanto, remarcaron que “esas obras hidráulicas requieren dimensionamiento y mantenimiento periódico para poder funcionar adecuadamente ante lluvias extremas”. 

 

Gestión integral del agua

Los docentes hicieron hincapié en que, por la variabilidad climática característica del litoral argentino, tenemos tanto ciclos húmedos como épocas de sequía. “Cuando se producen abundantes precipitaciones, desde un abordaje integral del manejo del agua se recomienda almacenar parte de los excedentes para poder aprovecharlos en períodos de déficit”, enfatizaron.

    Marano y Toffoli plantearon que “entre otras técnicas, se pueden ejecutar canales prediales que se conecten a la red externa mediante obras de regulación, preferentemente reservorios”. Explicaron que “para ello se pueden utilizar depresiones naturales conocidas como ‘hoyas de deflación’, cuya superficie es de entre una y cinco hectáreas”, y especificaron que “se trata de suelos que no tienen aptitud para cultivos”. Según señalaron, “en años secos, el agua acumulada en esos lugares sirve para riego suplementario, es decir, garantiza un piso de rendimiento agrícola”. 




 

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