Centro de Medicina Comparada: círculo virtuoso de la ciencia pública

Lunes 26 de octubre de 2026 / Actualizado hace 11 horas, 29 minutos

Tras décadas de investigación y transferencia, el CMC se consolidó como plataforma biotecnológica que se proyecta al mercado global. Un modelo sustentable donde la ciencia pública de alta complejidad financia infraestructura, formación y nueva ciencia.

El Centro de Medicina Comparada (CMC) del Instituto de Ciencias Veterinarias del Litoral (ICIVet) —dependiente de la Universidad Nacional del Litoral y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet)— se ha consolidado como la llave regulatoria indispensable para que pymes, startups y multinacionales transformen el conocimiento científico argentino en innovación con proyección internacional.

Al reunir una combinación de certificaciones y reconocimientos de estándares globales, esta plataforma brinda servicios de alta complejidad a más de 150 empresas y 80 grupos de investigación. Lejos de un esquema tradicional, la vinculación tecnológica aquí se retroalimenta: los ingresos generados por servicios a terceros financian infraestructura, equipamiento y la formación de científicos a través de becas estudiantiles de grado. Un modelo donde la ciencia aplicada demuestra que es posible construir soberanía tecnológica, impacto productivo y desarrollo humano desde la región.

De Esperanza al mercado global

A primera vista, la ciudad de Esperanza evoca la tradición agropecuaria del centro santafesino. Sin embargo, dentro del predio de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Litoral (FCV-UNL), en los laboratorios del CMC, se despliega un riguroso trabajo de validación científica que permite transformar investigaciones prometedoras en medicamentos y vacunas seguras, listas para mejorar la salud humana y animal.

Se trata de un engranaje científico fundamental, en el cual un equipo multidisciplinario lleva adelante ensayos preclínicos de alta complejidad que garantizan a cada desarrollo biotecnológico el sello de calidad y trazabilidad internacional.

Con un crecimiento sostenido impulsado por convocatorias de cambio de escala, esta plataforma atiende demandas de 14 provincias, Ciudad Autónoma de Buenos Aires y trasciende las fronteras de Argentina. Para el entramado productivo y académico, el CMC no es simplemente un prestador de ensayos: es la herramienta estratégica que transforma el conocimiento en soluciones comerciales y exportables.

Su director, el Dr. Hugo Ortega, explica al respecto: “Si nos eligen no es por falta de alternativas, sino porque somos una de las pocas plataformas integrales del país capaces de acompañar desde ensayos básicos de laboratorio hasta dossiers regulatorios de alta complejidad. Aportamos un know-how de más de 25 años en exigencias de mercado que muy pocas instituciones poseen”.

La llave regulatoria y la garantía de calidad

En la ciencia aplicada a la salud, descubrir una molécula prometedora es solo el primer paso de una maratón científica. Para autorizar ensayos en humanos, las agencias regulatorias exigen evidencia preclínica de seguridad; la comercialización requiere, además, evaluar la calidad, la eficacia y la seguridad clínica del producto. Allí radica el valor diferencial del CMC: es el único centro integrado al sistema científico-tecnológico público argentino que reúne la certificación ISO 9001, la declaración de conformidad con las Buenas Prácticas de Laboratorio (BPL-OCDE), la inscripción en RENACLAB (Registro Nacional de Certificadoras y Laboratorios de Ensayo y Calibración de Argentina) y las habilitaciones de ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología) y SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria).

Este Centro no ofrece simplemente el uso de un microscopio o un ensayo aislado; ofrece trazabilidad científica, rigor metodológico y confianza regulatoria. Sus evaluaciones permiten que una pyme local o un grupo de I+D negocien de igual a igual con multinacionales o agencias internacionales, con documentación que facilita la evaluación regulatoria internacional, según requisitos aplicables. “Las certificaciones les permiten a las empresas que sus desarrollos sean reconocidos tanto por agencias regulatorias locales como internacionales. Esto evita duplicar ensayos cuando buscan ingresar a otros mercados. Aplica tanto a startups de base tecnológica que inician etapas regulatorias como a grandes laboratorios para los que realizamos control de calidad de productos que exportan a decenas de países”, destacó Ortega.

Detrás de cada dossier aprobado existe una arquitectura de procedimientos donde nada queda al azar. La gestión de calidad representa el corazón operativo que convierte un hallazgo de laboratorio en una prueba de seguridad indestructible para la industria biotecnológica global. Para entender cómo se sostiene ese estándar, Natalia Salvetti, coordinadora del Centro y responsable del área de Gestión de la Calidad, explica que la tarea diaria implica una evaluación constante de riesgos, auditorías internas y capacitación continua. Este esquema es la garantía de que cada dato obtenido sea irrefutable.

“Para una pyme o una multinacional, esto representa un respaldo científico y regulatorio concreto: contar con estudios documentados, datos trazables y procedimientos que permiten reconstruir cómo se obtuvo cada resultado”, enfatiza Salvetti. Añade que esta fiabilidad metodológica, sumada a la confidencialidad, facilita que las autoridades aprueben los desarrollos sin necesidad de duplicar ensayos. En los estudios no clínicos de seguridad, el estándar BPL-OCDE resulta determinante gracias al sistema de Aceptación Mutua de Datos (MAD), mecanismo internacional que permite que los ensayos realizados en Esperanza sean reconocidos automáticamente en los países miembros o adherentes a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).

Tres pilares para un estándar internacional

Lograr que un centro científico público mantenga certificaciones y reconocimientos de este calibre requirió una transformación tanto estructural como cultural. Salvetti detalla que el CMC atravesó una evolución gradual donde las propias exigencias que las empresas traían de sus auditorías privadas sirvieron como palanca para profesionalizar los flujos de trabajo.

La especialista sintetiza la sostenibilidad de este modelo público en tres pilares conceptuales: visión institucional orientada a la vinculación: entender que la ciencia pública no sólo produce conocimiento teórico, sino que puede generar servicios complejos con estándares regulatorios globales; profesionalización y sinergia académica: la pertenencia a la UNL y al Conicet aporta una base científica sólida, donde la interacción entre investigadores, docentes y técnicos permite proponer soluciones a medida; gestión del riesgo y reinversión: identificación preventiva de desviaciones y reinversión constante en infraestructura y equipamiento de última generación.

+INFO...

Agenda