10 de abril
Ciencias básicas y aplicadas: interconexiones
Lunes 6 de abril de 2026 / Actualizado hace 13 horas, 36 minutos
En el marco del Día de la Investigadora y del Investigador Científicos es oportuno reflexionar acerca de la importancia de la ciencia básica, su valor e interconexión con la ciencia aplicada, e indagar sobre por qué es necesario el financiamiento estatal.
"La ciencia es el alma de la prosperidad de las naciones y la fuente de todo progreso", dijo Louis Pasteur (1822-1895), célebre químico y microbiólogo francés, considerado uno de los fundadores de la microbiología moderna. La frase fue pronunciada hace más de un siglo y hoy, en plena era del conocimiento y la información, indica una verdad fuertemente cuestionada desde algunos sectores de poder.
En el marco del Día de la Investigadora y del Investigador Científicos, se entrevistó a representantes de la UNL y del CONICET que reflexionan sobre la pertinencia de las ciencias básicas y sus interconexiones con las ciencias aplicadas y brindan algunas pistas sobre la necesidad de su financiamiento estatal.
Ciencias Biológicas: Síndrome Metabólico (SM)
“El objeto de nuestra investigación es el estudio de los mecanismos implicados en el desarrollo del Síndrome Metabólico (SM), de alta prevalencia en nuestro país y en el mundo, el cual aumenta el riesgo de desarrollar diabetes, enfermedad cardiovascular y enfermedades neurodegenerativas. Empleamos un modelo experimental inducido nutricionalmente en ratas por la ingesta de una dieta rica en azúcar. Este modelo se asemeja en diferentes aspectos bioquímicos-metabólicos, a los descritos en el SM humano” especificó María Eugenia D'Alessandro, docente de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas (FBCB-UNL) e investigadora del CONICET.
“La investigación se inscribe en la ciencia básica ya que busca expandir el conocimiento sobre las bases fisiopatológicas de los desórdenes del SM. Este enfoque es crucial para establecer las bases científicas que permitan, en etapas posteriores, diseñar intervenciones nutricionales y farmacológicas efectivas”, afirmó D'Alessandro.
“Sin ciencia básica no hay innovación sostenida”, recalcó María Eugenia D'Alessandro, y prosiguió: “sin ciencia aplicada el conocimiento no se traduce en beneficios sociales y productivos. Un sistema científico requiere sostener ambas áreas de manera articulada”.
“Argentina tiene una tradición sólida en investigación básica, a través de las universidades públicas, el CONICET y diferentes organismos de Ciencia y Tecnología. No sólo genera conocimiento, sino que forma capacidades intelectuales y técnicas que sostienen la innovación a largo plazo. En síntesis: la ciencia básica es un motor fundamental del desarrollo científico y tecnológico”, enfatizó D'Alessandro.
Química: degradar contaminantes en agua
“La ciencia básica busca comprender fenómenos y generar conocimiento fundamental, mientras que la ciencia aplicada intenta resolver un problema concreto utilizando ese conocimiento. Sin embargo, en la práctica ambas están profundamente conectadas. Muchas veces una pregunta básica termina generando una aplicación inesperada, y los problemas aplicados impulsan nuevas preguntas científicas”, indicó Albana Marchesini, docente de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ-UNL) e investigadora del Instituto de Investigaciones en Catálisis y Petroquímica (INCAPE UNL-CONICET).
“Mi trabajo se centra en el diseño y estudio de materiales catalíticos y adsorbentes capaces de eliminar contaminantes de agua, incluidos contaminantes emergentes y microplásticos. Aunque estas investigaciones pueden tener aplicaciones concretas en el tratamiento ambiental, en esencia parten de preguntas fundamentales: cómo interactúan las moléculas con los materiales, cómo ocurren las reacciones químicas y cómo podemos optimizar esos procesos”, explicó Marchesini.
“La investigación se inscribe dentro de la ciencia básica porque buscamos comprender los mecanismos que luego permiten desarrollar soluciones tecnológicas e impactan directamente en la salud ambiental, la calidad de vida y el desarrollo sostenible”, subrayó Marchesini.
“Es cierto que hoy enfrentamos desafíos vinculados al financiamiento de la ciencia, pero también vemos cómo las comunidades científicas buscan nuevas estrategias: cooperación internacional, proyectos interdisciplinarios y vínculos con el sector productivo. Esta capacidad de adaptación y colaboración es una de las grandes fortalezas de la ciencia argentina”, concluyó Marchesini.
Geología: su rol en la prevención y gestión de riesgos naturales
“Mi objeto de estudio se centra en la reconstrucción de los cambios climáticos y ambientales del Cuaternario (últimos 2,5 millones de años), en los principales sistemas morfosedimentarios continentales”, explicó Kröhling, docente de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH-UNL) e investigadora del CONICET.
A través del registro sedimentario y de la dinámica del paisaje, Kröhling investiga la evolución a diversas escalas espacio-temporales, integrando la geomorfología de procesos de superficie —vinculados al clima— con procesos endógenos como el vulcanismo y la tectónica, así como la geología del Cuaternario.
“Si bien mis áreas de estudio abarcan desde la Puna Austral y los Andes Centrales hasta la Mesopotamia, mi interés principal radica en la investigación de la gran llanura Chaco-Pampeana”, puntualizó Kröhling.
“El conocimiento de los procesos naturales que han modelado el paisaje es clave para anticipar transformaciones futuras del entorno natural y aportar a los modelos de pronóstico. La inversión pública en estas áreas contribuye directamente a la prevención y gestión de riesgos naturales. El análisis geomorfológico permite identificar zonas anegables y sujetas a inundaciones extremas, deslizamientos de barrancas, erosión y salinización de suelos, sismos, erupciones volcánicas, entre otras; facilita, además, la planificación territorial y la toma de decisiones por parte de los organismos nacionales y provinciales”, explicó Kröhling.
“La llanura Chaco-Pampeana incluye amplias zonas productivas y densamente pobladas. Presenta características geológicas únicas que no pueden comprenderse a partir de modelos desarrollados en otras regiones del mundo. Se percibe como un ambiente estable, pero es altamente sensible a excesos y déficits hídricos. Particularmente, la reconstrucción de eventos extremos proporciona resultados aplicables a la predicción del alcance de futuras inundaciones en el contexto del calentamiento global. Buscamos cuantificar el impacto físico-social para los diferentes escenarios de inundación de baja frecuencia identificados en el registro instrumental, en la documentación histórica y a través de la hidrología de paleo-inundaciones. Para ello se requiere la generación e integración de datos geológicos, cronológicos, geoarqueológicos, paleobotánicos y paleontológicos, documentales (históricos, cartográficos y fotográficos) e instrumentales (precipitaciones, hidrológicos y sedimentológicos)”, destacó Kröhling.
“La ciencia básica es clave para un desarrollo económico sostenible. Al generar conocimiento propio, el país aprovecha sus recursos naturales de manera más eficiente y responsable, evitando su sobreexplotación y reduciendo impactos ambientales. Esto garantiza la continuidad de las actividades productivas a largo plazo”, finalizó Kröhling.
Arquitectura: “rara avis”
“Considero que la historia y la teoría de la arquitectura son campos de conocimiento mayormente vinculados a las ciencias básicas ya que buscan reflexionar sistemática y críticamente sobre proyectos y obras de arquitectura (del pasado o contemporáneas) a fin de interpretar sus propuestas y generar conceptualizaciones”, indicó Cecilia Parera, docente-investigadora de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (INTHUAR FADU-UNL) y agregó: “ese conocimiento puede ser recuperado para comprender y valorar experiencias proyectuales específicas con suficiente densidad y profundidad, es decir, con cierto nivel de aplicabilidad”.
“El financiamiento de estas temáticas, como tantas otras que se vienen implementando en UNL, sería inviable desde la esfera privada, atenta a una aplicación directa y una rentabilidad más inmediata. Sin embargo, creo que el debate actual no es sólo una cuestión de redistribución de fondos; me inquieta percibir que los cuestionamientos recientes sobre la “utilidad” de algunas investigaciones han impulsado en ciertos sectores de la ciudadanía una estigmatización negativa”, remarcó Parera.
“Confío que en un futuro próximo este panorama adverso pueda revertirse, consensuando estrategias y definiendo prioridades, ya que sin investigación la universidad pública perdería uno de sus pilares fundamentales”, finalizó Parera.
Filosofía: ciencia básica y ciencia aplicada, ¿para qué?
“El estudio de la filosofía, sea que se detenga en autores de un pasado lejano como griegos y romanos o sea que discuta el último avance científico de la IA, posee un valor central para un ordenamiento más sensato y cabal de todas las actividades realizadas por los seres humanos”, sostuvo Manuel Berrón, docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHUC-UNL) e investigador del Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales del Litoral (IHUCSO UNL-CONICET), quien trabaja sobre la metodología aristotélica, incluyendo la relación entre ciencia, dialéctica y conocimiento, haciendo hincapié en cómo se estructura este saber teórico.
“La noción de ‘ciencia básica’ es un concepto que acompaña a la de ‘ciencia aplicada’: las ciencias básicas persiguen el conocimiento de una parte del mundo. Por ejemplo, la vida, por la biología; los números, a través de las matemáticas; el movimiento, en la física; investigaciones que se llevan a cabo por la sencilla razón de conocer el mundo, es decir, por curiosidad intelectual”, explicó Berrón y agregó “mientras que las ciencias aplicadas están vinculadas con una finalidad: una aplicación tecnológica, por ejemplo”. Y siguiendo con su razonamiento, Berrón explicó que “esta distinción entre ‘básico’ y ‘aplicado’ es un tipo de distinción de raíces filosóficas y que por ello mismo la filosofía ordena y esclarece el modo en que pensamos nuestra vida.”
Además, indicó que “para quienes investigamos en ciencias básicas no pensamos en las consecuencias, en los posibles efectos. Sin embargo, no es posible que exista la ciencia aplicada sin ciencia básica. Y esto sucede en el terreno de la física, de la biología, de la ciencia política o de la filosofía”. “Yo, por ejemplo, estudio la antigua distinción aristotélica entre razón teórica y razón práctica: una que busca el conocimiento en sí y la otra que busca el conocimiento vinculado a la acción, al obrar bueno hacia el bien (ética, política). Esto, que puede ser un tema de antaño, es sin embargo un tema de completa actualidad y retomado en el presente por muchos autores. La reflexión propia del obrar es la que pone el fin de la vida buena para la acción humana, ni más ni menos”, afirmó Berrón.
Por último, hizo hincapié en la importancia de los estudios humanísticos en su calidad de ciencia básica: “los estudios de las ciencias humanas son clave para acceder al conocimiento y ello radica en que nos permiten escapar de la ignorancia y nos dan la libertad para ser autónomos, para estar “despiertos” frente al poder de turno, para desandar el camino de las falacias que circulan en redes sociales y medios de comunicación”, concluyó Berrón.
10 de abril
Se celebra el Día de la Investigadora y del Investigador Científicos cada 10 de abril, en conmemoración del nacimiento del Dr. Bernardo Houssay, primer Premio Nobel de Ciencias de Latinoamérica.
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