UNLVirtual

Programa Educación Universitaria en Prisiones

Martes 2 de octubre de 2007

Luis Acosta comenzó a cursar estando detenido en la cárcel de las Flores. Al año quedó en libertad, logró continuar con los estudios y concluyó la Tecnicatura en Higiene y Seguridad Alimentaria. Los logros de un programa que permite acceder al derecho a la edu

Luis Acosta tiene 32 años y un “tropiezo” -como él lo llama- por el cual cumplió una pena de reclusión de poco más de tres años en el Penal de Las Flores en la ciudad de Santa Fe. “Un día me comentó un muchacho en la Unidad que iba a haber unas carreras de la UNL y que estaríamos becados. Fue una oportunidad que me cayó del cielo y la aproveché”, recuerda Luis, tres años después y poco tiempo de haberse recibido de Técnico en Higiene y Seguridad Alimentaria.
Octubre de 2004 marca el inicio del Programa Educación Universitaria en Prisiones. “El principal eje es que las personas privadas de su libertad puedan ejercitar su derecho a la educación”, remarcó Máximo Sozzo, docente de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (FCJS) y director del Programa. 
El programa se apoya en el sistema de educación a distancia UNLVirtual, pero “adaptado” al ámbito de la prisión ya que requirió -entre otros tantos asuntos- la creación de un equipo de coordinadores que actúe de nexo entre la modalidad y los internos.
Augusto Montero, también de la FCJS y uno de los coordinadores en la cárcel de Las Flores, recuerda los inicios de la implementación del programa: “Fue todo muy difícil. No contábamos con computadoras y, en la mayoría de los casos, los estudiantes no habían tenido contacto con las nuevas tecnologías”.

A pesar de la prisión
Si bien Acosta fue enviado a una escuela privada en la primaria y completó el secundario “sin llevarme ninguna materia”; desde 1992 al 2005 no realizó ninguna instancia de formación. “Realmente tenía tanta necesidad de aprender, de estudiar, que me acuerdo que leí tantas veces el primer impreso sobre la historia de la Universidad que la recuerdo entera”, remarca Luis.
Gabriel Sequeira es docente y el director de la Tecnicatura en Higiene y Seguridad Alimentaria. Sobre la implementación del programa aseguró que “para nosotros fue adaptar nuestra mentalidad, entender algunas situaciones”. Sequeria recordó la instancia de clases de consultas que se realizan en el mismo penal. “Mayormente iba yo, pero también los otros docentes siempre decían ‘cómo han estudiado’. Hacían preguntas que se notaba que había dedicación, que le buscaban la letra chica. Esto es interesante porque a los profesores los lleva a meterse más en el tema. Estamos muy satisfechos”.

En libertad ¿otro escollo?
Quizás se pueda pensar que una vez en libertad, continuar con los estudios puede resultar más sencillo. Son muchos los casos de estudiantes que al cumplir sus condenas dejan de lado el estudio para priorizar cuestiones laborales, de familia, entre otras.
Una vez fuera de la prisión, Luis trabajó de albañil con el único objetivo de comprarse una computadora. “Estaba de 6 a 16 en una obra, al mediodía descansábamos una hora, y en ese momento, me ponía a leer un poquito todos los días”, remarca. Así fue que logró estar con la carrera al día, e incluso comenzó un curso de Reparación de PC, que está próximo a finalizar.
Luis asegura que “la educación a distancia se supo ganar su lugar en la Unidad, es un sistema un poquito complicado que lo puede saber cualquier persona, al principio parecía que todas las puertas se cerraban porque no teníamos conexión a internet, por los horarios, pero después se logró el espacio”.
Finalmente, Luis dijo que el estudio modificó toda su vida e incluso ayudó a mejorar las relaciones familiares: “Me siento realmente contento y satisfecho con lo que logré. Sé que le puedo mostrar esto a mis hijos”, concluyó.

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